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II Domingo Pascua A Divina misericordia


¿Tocar para ver? ¿Ver para creer? ¿Y si eligiese el camino de creer para ver? Creer en el amor, que es posible, aunque a veces se haga el escurridizo. Creer en el vecino, que es persona, y siente, come, ríe y pelea, cada día, como tú, con sus razones y sus errores.

Creer en el futuro, que será mejor cuanto mejor lo hagamos. Creer en la humanidad, capaz de grandes desatinos, pero también de enormes logros.

Creer en la belleza, individual, diferente, que se sale de los cánones y se encuentra en cada persona.

Creer en las heridas de Dios, nacidas de su pasión por nosotros. Y entonces ver, con el corazón desbocado por la sorpresa y el júbilo, al Señor nuestro y Dios nuestro que se planta en medio, cuando menos te lo esperas.

(José María R. Olaizola, sj)

MPEG4 Audio - 4 MB

Escucha al P. Angel pinchando en su foto.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo:

- «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.»(Mc 16)

No lo podemos callar. No lo podemos apagar. Lo débil se ha hecho fuerte. La muerte ha vuelto a la vida. El llanto es gozo y Alegría.

¿Por qué, si somos hijos de la Pascua, nuestras voces enmudecen el grito de aquello que nos hace eternos?

¡HA RESUCITADO! Sean nuestros cuerpos instrumentos que irradien la alegría de Cristo Resucitado. Sean nuestras voces cánticos que destellen y reflejen la alegría interna de los hijos de la VIDA.

Sean nuestros pies mensajeros de un mundo nuevo.

Un mundo que necesita el esplendor de la Pascua.

Unos hombres que desconocen que gracias a un Cristo humillado y muerto, nos ha hecho inmensamente ricos.

Herederos de una vida que ya no se acaba.

Con el Señor, despertemos a la vida.

Con Jesús, levantemos nuestros cuerpos postrados.

Con Cristo, agradezcamos a Dios su poder y victoria.

Con el resucitado, gritemos que la muerte ya no es muerte..que es un sueño que termina.

La noche, ya no es noche. Todo queda prendado por la belleza de Aquel que nos hace pasar de la tiniebla a La Luz. Del absurdo a la respuesta. De la mentira a la verdad. De la humillación a la gloria. De la tierra al cielo. De la esclavitud a la libertad.

¡Ha resucitado!

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