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Bienaventurado serás si te dejas perdonar por Jesús


Bienaventurado serás si te dejas perdonar por Jesús, quien nunca te condena. Su mano toma la tuya y te levanta para invitarte a no pecar más y seguirlo de cerca (Jn 8)

Bienaventurado serás si te dejas perdonar por Jesús, quien nunca te condena. Su mano toma la tuya y te levanta para invitarte a no pecar más y seguirlo de cerca (Jn 8).

Bienaventurado serás si te alimentas del pan y vino hechos carne y sangre de Jesús para la vida del mundo (Jn 6).

Bienaventurado serás si dejas que Jesús fije su mirada en tus ojos y así sentir el amor tan grande que tiene (Mc 10, 17-20).

Bienaventurado serás si sacias tu sed de la única agua que puede dar la vida eterna. No volverás a tener sed y de tu corazón saldrán ríos de agua viva (Jn 4, 10-15)

Bienaventurado serás si regresas a la casa del Padre y experimentas el abrazo de amoroso de quien te siempre te espera incondicionalmente (Lc 15, 20).

Bienaventurado serás si con humildad dejas que Jesús te lave los pies, te quite el polvo del camino y te enseñe la lección del servicio (Jn 13, 4-10).

Sed santos

El santo encuentra mil formas, aun revolucionarias, para llegar a tiempo allá donde la necesidad es urgente. El santo es audaz, ingenioso y moderno; el santo no espera a que vengan de lo alto las disposiciones y las innovaciones; el santo supera los obstáculos y, si es necesario, quema las viejas estructuras superándolas… Pero siempre con el amor de Dios y en la absoluta fidelidad a la Iglesia a la que servimos humildemente porque la amamos apasionadamente.

(P.Arrupe, sj,)

Respira en mí, oh, Espíritu Santo, para que mis pensamientos puedan ser todos santos.

Actúa en mí, oh, Espíritu Santo, para que mi trabajo, también pueda ser santo.

Atrae mi corazón, oh, Espíritu Santo, para que sólo ame lo que es santo.

Fortaléceme, oh, Espíritu Santo, para que defienda todo lo que es santo.

Guárdame pues, oh, Espíritu Santo, para que yo siempre pueda ser santo.

Cierro mis ojos y te reinvento, miro mis manos y te siento, te tengo en mi mente, en mi recuerdo y hasta escucho tu voz en el silencio. Juntos los dos en un reencuentro de aromas que aún están vivos y ya están muertos, muertos de amor por ser eternos... Juntos tú y yo en el azul de tu mirada que ya ni veo.

POEMA A MI PADRE

Bienaventurado serás si te dejas perdonar por Jesús

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