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Convivencia sacerdotal abril 2011


ALIANZA EN JESÚS POR MARÍA

CONVIVENCIA SACERDOTAL

GRIÑÓN (MADRID) ABRIL - 2011

“El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” (sal 125)

Con estas palabras del salmista podemos decir que concluía la 14 convivencia sacerdotal en Griñón, junto a los restos del Padre Fundador, Antonio Amundarain Garmendia. Este era el sentir de los 17 sacerdotes reunidos los días 26 al 29 de Abril convocados por la Alianza.

Después de la calurosa y afectuosa acogida por parte de la Directora General y de su Vicedirectora y Secretaria y posterior dinámica de presentación de todos los participantes, celebramos la Eucaristía y el rezo de vísperas.

El miércoles día 27, tras el rezo de laudes tuvimos la mañana de retiro que fue dirigido por el Obispo de Getafe Excmo.y Rvmo. D. Joaquín Mª López de Andújar, que basó su meditación sobre los dos rasgos fundamentales del ser sacerdote de Cristo partiendo de Hebreos 17: “Ser digno de fe y misericordioso”.

Nos invitó a vivir el sacerdocio con profunda intimidad con Dios, sumergiéndonos en su corazón, con un corazón dócil y obediente. Con una ejemplaridad de vida, llenos de Dios y viviendo la misma obediencia que el Siervo de Yahvé.

También nos decía lo importante que era nuestra fidelidad a la transmisión de la Palabra de Dios: “No nos predicamos a nosotros mismos, si no a Cristo”. Guiando al pueblo de Dios con la autoridad e iniciativa de Cristo, siendo como Él, Buen Pastor, que conoce a las ovejas, da la vida por ellas y busca a las que no son de este redil.

Otro rasgo que destacó D. Joaquín fue el ser misericordioso.

El sacerdote, instrumento de la misericordia divina, está llamado a ofrecer la misericordia y el perdón de Dios: “Yo tampoco te condeno”. Somos como la orla del manto de Jesús que la gente necesita ver y tocar para alcanzar la sanción.

Concluyó diciendo que todos hemos de vivir estas dos cualidades: Ser dignos de fe y misericordiosos. Nos invitó a revisar nuestra vivencia de las obras de misericordia, especialmente las espirituales: enseñar al que no sabe, consolar al triste y abatido, etc. Y al revés: aceptando ser enseñados, ser consolados, etc.

Por la tarde la Dra.Gral. nos habló de: “D. Antonio Amundarain y la oración”.D. Antonio como maestro de oración, de oración constante, profunda e intima. Con citas del Padre Fundador, nos mostró lo importante y necesaria que fue la oración en la vida del sacerdote Antonio Amundarain: “Orar es sencillísimo, nosotros lo complicamos”; “Estar mirando con fe y amor, hablar amigablemente con Jesús”; “Menos etiquetas y mas espontaneidad en el corazón”; Para enamorar a los demás de Jesús, hemos de estarlo nosotros primero. Abrasar nuestro corazón para abrasar a los demás”; “Una persona sin oración es como una lámpara sin luz”. A continuación nos reunimos por grupos y dialogamos sobre:

1. La importancia de la oración para el sacerdote hoy. 2. Dificultades que encuentra para practicarla. 3. Cómo superar esas dificultades. 4. Importancia de la presencia orante del sacerdote en la parroquia. Después del dialogo hubo una puesta en común de lo compartido en los grupos. Ese mismo día, por la noche, se proyectó un power point basado en el libro de la aliada Iluminada Álvarez "Una vida marcada por la fe".

El jueves día 28, una aliada de León, nos habló de la “Vivencia de los consejos evangélicos en los II.SS. y en la Alianza”. Partiendo del número 20 de Vita Consecrata, nos decía que los consejos evangélicos son ante todo un Don de la Trinidad. Y de la mano de Pablo VI, desgranó como debe vivir un laico consagrado los consejos evangélicos en medio del mundo. Con una hermosa frase de D. Antonio, nos adentró en ellos: “Vive fielmente los consejos evangélicos hasta llegar a no vivir tú, para que Cristo viva en ti. “Date y dalo todo, entrégate y entrégalo todo, ese es el vacío para que Jesús lo llene”. (cf. cta .nº 1949) Concluyó la exposición con unas palabras de Raniero Cantalamessa: “Lo más bello que podemos hacer…es renovar nuestro sí y nuestro heme aquí. No con resignada aceptación, sino con el deseo y la impaciencia de María en la Anunciación”.

Posteriormente, se abrió un dialogo donde todos expusimos nuestras inquietudes y deseos de ser fieles a nuestra consagración en este mundo.

Terminamos la mañana con la celebración de la Eucaristía, en la homilía el presidente destacó que también nosotros como las mujeres habíamos ido al sepulcro, en este caso al de D. Antonio, y allí habíamos experimentado como ellas, el gozo de la Resurrección.

Abrimos la tarde del jueves con una “Mesa Redonda” que tenía por título: “Vivencia de los Consejos Evangélicos en la Alianza” dentro de cuatro ámbitos: En la familia, la profesión, en una residencia de mayores y con la juventud. Esta última concluyó con unas imágenes que tenían de fondo una canción de gratitud a Dios por la consagración.

El testimonio de las cuatro aliadas participantes suscitó mucho interés, así como un prolongado diálogo con abundantes preguntas.

Cada tarde teníamos exposición con el Santísimo y el rezo de vísperas. Por ser la última noche, no podía faltar la tradicional “queimada”.Nos reunimos después de la cena para asistir al ritual del conjuro. Un sacerdote de Lugo, fue el encargado de prepararlo. Pasamos un rato agradable. Como final de la noche se proyectaron las fotos de la convivencia anterior 2009 celebrada en tierras del Padre Fundador (Guipúzcoa).

El último día se nos informó sobre el proceso de beatificación de D. Antonio Amundarain, de la página Web de la Alianza y de los libros publicados sobre D. Antonio y la Alianza. Concluimos con la oración por “el triunfo de la pureza en el mundo”, oración que reza toda la familia aliada y en esta ocasión lo hicimos mediante un power point que posteriormente nos regalaron a todos. La celebración de la Eucaristía puso el broche final. En una profunda y sentida homilía cantamos varias veces la antífona del invitatorio: “Verdaderamente ha resucitado el Señor, Aleluya”, dando gracias a Dios y a las aliadas por el REGALO de estos días. Como de costumbre, pasamos a la Cripta, donde están los restos de D. Antonio Amundarain y allí oramos por todos los enfermos que encomienda el Instituto y cantamos a la Virgen del Coro.

Somos conscientes del esfuerzo que hace toda la Alianza para celebrar esta convivencia y os lo agradecemos desde lo más profundo del corazón. Nos sentimos como en casa y podemos decir que “estamos, ciertamente, en la casa del Padre”. Amamos a D. Antonio y lo sentimos cerca en nuestro ministerio y su vida es un ejemplo para cada uno de nosotros. Estos días en Griñón son para nosotros días de gozo, de descanso y de retomar fuerzas para seguir en fidelidad al Maestro. Os rogamos que nunca os canséis de convocar estas convivencias.

Que Dios os bendiga a todas y haga fructificar vuestro apostolado.

D. José Alonso, sacerdote participante en la convivencia.

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