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Entrevista a D. Ambrosio Rebollo


TESTIMONIO

Entrevista a D. Ambrosio Rebollo, en la Cadena COPE

-¿Cómo conoció usted a D. Antonio Amundarain?

Para mí fue una satisfacción muy grande encontrarme con este sacerdote. Fue en un momento importante de su vida. Era cuando la Alianza en Jesús por María iba a pasar a ser Instituto secular. Entonces D. Antonio fue a gestionar las cosas a Roma, año 1949. Yo era alumno del Colegio español y él se hospedó en este colegio. En él ví a un “auténtico hombre de Dios”, hombre que no hacía ruido ni al andar, de manera que pasaba completamente desapercibido. Yo tuve la suerte de escucharle una plática sobre su tema predilecto:”La santidad virginal en medio del mundo”. El había visitado las Basílicas de santa Inés y santa Cecilia, vírgenes y mártires romanas, y cuando hablaba de este tema parecía que de su boca salían palabras especiales y, sobre todo, con ese carisma grande que este hombre tenía para promover la santidad virginal dentro del mundo. Allí estuvo una larga temporada porque los asuntos se iban dilatando y allí todo el mundo le vio como un hombre sencillo, devotísimo, se le encontraba trabajando en la habitación o se le encontraba en la capilla. Era seguro que en uno de los dos sitios se le encontraba. Hombre sencillo. De estos hombres que trabajan desde lo más profundo. Así lo ví la primera vez.

La segunda vez lo ví ya en Burgos. estaba yo provisionalmente hospedado en el Seminario Menor y vino a dirigir unos ejercicios a sus aliadas y al mismo tiempo a exponer las ideas madre de lo que era un Instituto secular. Tuve la dicha de compartir la mesa con él, durante una semana en el seminario menor. La impresión fue también gratísima. y siempre de ese hombre grande, con esa capacidad enorme de sencillez, silencio y efectividad.

-D.Ambrosio. Ahora, con la distancia que dan los años. ¿ Se notaba ya en él esa santidad que ahora se quiere poner de manifiesto?

Para mí es indiscutible. Es un hombre que no creo encuentre dificultad en el proceso de Beatificación. Él era un hombre de Dios y pasaba sin hacer ruido. Yo creo que más o menos, aunque no se si lo tuvo explícitamente en la conciencia, podía aplicarse aquella máxima de “ el bien no hace ruido y el ruido no hace bien”. Y de esta manera fue a trabajar en profundidad en el campo de la santidad. La santidad, efectivamente, no es cosa espectacular sino la vivencia callada, generosa y heroica del Evangelio en todas las circunstancias de la vida, especialmente en las más sencillas y en las más ordinarias.

-¿Qué opinión le merece su Obra, la Alianza en Jesús, por María?

La Obra se impone ya por sí misma. No hace falta nada más que mirar el campo maravilloso que se ha abierto prácticamente en todas las diócesis de España y que se está trasladando a otras partes del mundo.

Este hombre fue un precursor del Concilio Vaticano II . En su humildad decía que estaba admirado de sí mismo, cómo lo que él pretendía no lo hubieran hecho otros hombres con más cualidades que él y con más talento que él. Sin embargo veía que había este vacío. Él sostenía lo siguiente, y yo también lo sostengo, pero me parece una intuición en el año 1925 cuando lo afirmaba. Decía que siempre había admirado que había personas muy buenas en el mundo, muy generosas. Yo también soy testigo de lo mismo. En San Sebastián, él se encontró con una serie de personas con una categoría espiritual extraordinaria y que no podían ser religiosas o que no querían ser religiosas y querían santificarse en medio del mundo. Esto nos parece ahora corriente después del Vaticano II. ¿Por qué no ayudarse unas a otras y crear ese estado, podríamos llamarlo “de perfección”? Será un Instituto Secular y lo será desde 1950. Para mí su consagración es en el mundo y desde el mundo, como quería su Padre Fundador, sin hacer ruido. Como Instituto Secular, la Alianza no tiene unas apariencias externas que sean extraordinarias, pero son verdaderamente personas muy efectivas y muy eficaces. Hay muchas cosas buenas en este mundo, muchas más que malas. Más vale una persona santa que muchísimas que están metidas en el vicio.

Burgos 1985. Centenario del nacimiento de D. Antonio Amundarain

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