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La Belleza de la vocación


Jesús continúa señalando a sus discípulos el camino de seguimiento a su persona. Aprender del Maestro implica un modo de estar, de hablar y de actuar. Solo así es posible configurarse paulatinamente con la persona de Jesucristo. Con otras palabras: la vocación del cristiano es un gran don recibido, pero, para no perderlo, es preciso transmitirlo a quienes nos rodean.

La sal es una sustancia, ordinariamente blanca, cristalina, de sabor propio, muy soluble en agua, que se emplea para sazonar y conservar alimentos. Partiendo de la realidad y de la función de este elemento, la cultura de Oriente Medio vincula la sal con ciertos valores, como la alianza, la solidaridad, la vida y la sabiduría. El término luz integra varios significados íntimamente ligados a la visibilidad y a la claridad. En concreto, en este pasaje se alude a la lámpara, objeto destinado a alumbrar.

La luz es imprescindible para la vida humana y, por ello, desde los inicios de la historia de la salvación se ha querido dar énfasis a su función. Así se ve, por ejemplo, cuando el libro del Génesis la presenta como la primera obra de la creación. Partiendo de la vinculación entre los conceptos de luz y vida, la Escritura hace referencia principalmente a dos aspectos unidos a la salvación: en primer lugar, Dios es presentado como luz para iluminar a los hombres; en segundo lugar, el hombre, al acoger la luz del Señor, puede ser lámpara para los demás.

La Belleza de la vocación

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