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La dimensión afectiva en el ser humano


LA DIMENSIÓN AFECTIVA DEL SER HUMANO (1)

INTRODUCCIÓN

Casi suena a desafío este título, y en el fondo lo es. Aunque parezca muy ambiciosos voy a intentar trazar un recorrido sencillo, que fundamentalmente nos ayude ante todo a tomar conciencia de aspectos, que por una parte han podido pasar desapercibidos, y por otra quizás también podamos encontrarnos con errores o confusiones en este tema. No soy una experta (no sé si alguien puede considerarse experto en este tema), por lo que solo voy a contaros como lo veo. Cada una tendremos una experiencia diferente en este tema, y quizás aquí está el verdadero aprendizaje.

Compartir como vivimos los afectos. No os voy a decir que sea fácil, más que nada porque es un ámbito que creemos privado y que raras veces mostramos en toda profundidad. Así que este es el verdadero reto. Que seamos capaces de abrirnos un poco y hablar desde lo profundo, donde se albergan los afectos.

DE LO VISIBLE A LO INVISIBLE (2)

1. El afecto en la amistad La amistad es el primer terreno de relaciones donde el amor se hace visible. Entiendo amistad en el sentido amplio de la palabra. Para no perdernos en definiciones que nos llevarían un rato, nos vamos a acercar al significado de la amistad con un poema de Antoine De Saint-Exupéry, el autor del Principito: (3)

Amigo mío, tengo tanta necesidad de tu amistad. Tengo sed de un compañero que respete en mí, por encima de los litigios de la razón, al peregrino de aquel fuego. A veces tengo necesidad de gustar por adelantado el calor prometido, y descansar, más allá de mí mismo, en esa cita que será la nuestra. Hallo la paz. Más allá de mis palabras torpes, más allá de los razonamientos que me pueden engañar, tú consideras en mí, simplemente al Hombre, tú honras en mí al embajador de creencias, de costumbres, de amores particulares. Si difiero de ti, lejos de menoscabarte te engrandezco. Me interrogas como se interroga al viajero, Yo, que como todos, experimento la necesidad de ser reconocido, me siento puro en ti y voy hacia ti. Tengo necesidad de ir allí donde soy puro. Jamás han sido mis fórmulas ni mis andanzas las que te informaron acerca de lo que soy, sino que la aceptación de quien soy te ha hecho necesariamente indulgente para con esas andanzas y esas fórmulas. Te estoy agradecido porque me recibes tal como soy. ¿Qué he de hacer con un amigo que me juzga? Si todavía combato, combatiré un poco por ti. Tengo necesidad de ti. Tengo necesidad de ayudarte a vivir. Un poema como para reflexionar y rezar un rato. Dice la Biblia, que quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro. La verdad es que los versos que hemos leído, hablan de una amistad en un sentido utópico, pero fascinante. Quizás se trata de tender a buscarla como quien quiere hacer fortuna.

2. Entrando en faena.

Vamos a intentar centrarnos en el tema, con el buen sabor de boca de la introducción. Hoy voy a empezar en un terreno puramente “humano”, aunque en algún momento me permita dar alguna pincelada evangélica. Básicamente, me voy a aproximar a este tema desde una perspectiva meramente psicológica. No sé si sabéis que todo lo que la persona es, está en el cerebro.

Románticamente, siempre se ha entendido que el amor está en el corazón, pero no es verdad. Lo central en la persona es la cabeza. De hecho, se dice que una persona está clínicamente muerta, cuando el encefalograma es plano. El cuerpo puede seguir viviendo, pero la persona, ya murió. Esto tiene otro prisma, y es que los afectos, se sienten en la cabeza y se expresan en el cuerpo. No podemos perder de vista en ningún momento la unicidad de la persona. No quiero parecer demasiado adepta a la psicología, por eso en este tema, también tocaremos conceptos de otras disciplinas como la antropología o la sociología. El mundo afectivo, es en la persona una dimensión abierta. Una estructura relacional. Un universo en continuo movimiento y crecimiento. (4) Las personas somos seres incompletos, que nos vamos componiendo en el contacto con los demás. Somos seres sociales, por naturaleza y no es casualidad. Nos vamos conformando como personas, desde la afectividad. Es más, consideramos que una persona tiene madurez, fundamentalmente, cuando sus afectos están medianamente bien configurados. Y voy más allá. No crecemos solas, sino en relación. El vínculo que tenemos con los demás, son los afectos. Cuando hablo de afectos, lo hago de emociones, sentimientos, pasiones… voy a tratar todo esto como si fuera lo mismo, sin distinguir demasiado, para no perderme en puntualizaciones.

Decía Edith Stein que “el sentimiento requiere en su esencia una expresión” (5) este sentimiento y esa expresión están inexorablemente unidos. Si bien uno es la manifestación del otro, el uno sin el otro es como que pierde bastante su sentido. Si tengo un sentimiento, de alguna manera lo manifiesto y, si expreso algo, es porque algo siento. "Por ejemplo, en la risa, en la que se exterioriza mi alegría a modo de vivencia, se me da simultáneamente como un estiramiento de mis labios; en este caso yo soy consciente de mí en mi totalidad, no sólo de la alegría o de la risa”. Es decir, expreso de manera concreta en mi cara, una vivencia no visible.

Como decía antes, los afectos, son un terreno abierto, donde entran y salen el yo con el tú y se encuentran en un nosotros. Necesitamos de los demás. No es una dependencia tonta o alienante, sino fundante y constitutiva de la persona. Y antes de adentrarme un poco más, advertir una aspecto importante. Los afectos están teñidos de conflicto. Toda persona en sí, es conflicto. Y no entendamos esto, de manera equivocada. El conflicto, lo entiendo como un desencuentro entre lo que soy y lo que quiero ser. Lo que son los demás y lo que quiero que sean. Esta tensión entre ideal y realidad es la que nos va configurando en nuestra persona y en nuestras relaciones.

Para aterrizar un poco más, y que no dejemos de hacer pie. Abro un poco la puerta de los afectos. En mis relaciones se dan la alegría, el amor o la sorpresa, pero también, la ira, la tristeza o el miedo. Todas son emociones. No son las emociones que otros me provocan, sino las distintas reacciones que tengo cuando me relaciono. Y se manifiestan porque forman parte de mis sentimientos. Quiero decir con todo esto, que los afectos viven en mí. Soy responsable de ellos. Y los manifiesto. Y en todo esto no hay espacio para bueno o malo. Este es el principal lastre que arrastra nuestra afectividad. El conflicto fundamental que tenemos en esta dimensión ha sido la gran carga de moralina con la que la hemos pintado. Los afectos, en sí, viven y crecen en un conflicto, pero se distorsionan y devalúan en la culpa, que no es lo mismo. No son buenos ni malos. Son. Y son un don que tiene que crecer. No me voy a anticipar más. Pero creo que es importante que esta idea quede clara, desde ya. Ahora nos tocará no solo entenderla, sino integrarla en nosotras.

Os propongo mirar los afectos como un don, sin más carga. Después lo voy a desarrollar un poco más.

3. La visibilidad de los afectos (6) Decíamos antes que los afectos son visibles, y lo son cuando se expresan. La expresividad afectiva la realizamos a través de los sentidos. Y también la recibimos. Voy a intentar desarrollar este punto sin resultar muy larga, pero si profunda. No quiero perderme en teorías por eso me voy a ayudar de algunas imágenes. Es más creo que podéis activar la imaginación a partir de ahora, y situaros con vuestros sentidos en posición.

Los sentidos del cuerpo son las puertas por las que entramos y salimos a la realidad. Esto como decía antes no es bueno ni malo. El discernimiento radica en el modo en que los sentidos nos autocentran y nos hacen ser depredadoras, o nos enseñan a ser agradecidas y generadoras de comunión. Estas últimas van estimulando la riqueza interior y despertando poco a poco la gratitud.

Antes de seguir adelante os propongo distinguir entre sensualidad y sensitividad en el uso de nuestros sentidos. La sensualidad implica avidez y dependencia del placer de los sentidos, es algo que tiene que ver con la piel. Sensitividad es recibir la realidad a través de una afinación de los sentidos como órganos de recepción, hasta alcanzar lo más profundo de nosotras, que tiene que ver con el afecto más puro y auténtico. La sensualidad se mueve en un terreno puramente físico. La sensitividad se adentra en nuestro ser.

Lo que quiero decir con esto, es que tenemos que atender al uso que le damos a los sentidos. Los sentidos sin control pueden ser nuestros peores enemigos.(7) Como no nacemos programadas, vamos ensayando con los sentidos una visión de la realidad, y depende de la capacidad de esa elaboración como terminemos percibiéndola. En otras palabras, vemos lo que queremos ver u oír, ya que la estructura de nuestra sensibilidad es bastante estable.

Lo que voy a intentar, es ver cómo hay un modo de hacerlo que nos entumece y encierra en nuestro pequeño mundo opaco, y otro que nos abre y despliega a un Universo fascinante. Voy a ir explicando y analizando los sentidos. Cada una se puede ir autoanalizando en la descripción de ellos vaya haciendo. Después de cada uno, nos aproximaremos al evangelio para ver como se tratan los sentidos.

01. Sentido del tacto (8)

Voy a empezar con este, y no es de manera arbitraria. No hay afecto sin proximidad, sin contacto. El tacto es el sentido más rudimentario y profundo de conocer. Palpando nos cercioramos de la presencia de las cosas, pero también podemos sentir la compulsión del poseer, apropiarse, del agarrar… Nuestro miedo a tocarnos es el reverso de nuestra sensualidad. Si nuestro tacto no es puro, no nos dejamos tocar porque nos sentimos profanadas. Otro modo de sentir el tacto es ejercitarnos en él: dejarnos afectar por diferentes contactos. Por ejemplo, los pies en la arena de la playa, el paso de unos dedos por una parte sensible de nosotras, el contacto de la ropa con nuestra piel cuando tenemos frio, sentir un beso… En este punto preguntaría ¿qué experiencia tenemos del sentido del tacto? ¿Cuándo, cómo y por quien nos dejamos tocar? ¿Qué condiciones ponemos? Si me adentro un poco más, podemos hablar de experiencias de tacto con el Señor que nos hablan de tocar:

- Mª Magdalena (Jn 20, 11-18 pág. 228)
- Tomás (Jn 20, 19-29. Pág 228)
- Juan (Jn 13, 23-24. Pág 214)
- Curaciones en Genesaret, (Mc 6, 53.56)

02. Ver o mirar (9)

No es lo mismo. Ver hace referencia al impacto espontáneo que reciben los ojos, mirar supone alguna concentración en lo que vemos: supone querer ver. A veces miramos sin ver de muchos modos, es decir: miramos lo que queremos ver, y dejamos de ver lo demás. Por esto no podemos captar otra dimensión de la realidad. Mirando no vemos, sino que proyectamos lo que tenemos dentro y deformamos la realidad. Recordad que decíamos antes que los afectos viven en mí y me van configurando. Lo que vemos no siempre es como es, sino como lo interpretamos. Y leemos de esta manera por como sentimos, muchas veces. Podemos mirar de manera inquisitiva, discriminadora, analítica, afilada; o mirar de forma receptiva, acogedora, atrayente, reconciliadora.

Es el sentido que más utilizamos. Qué más independencia nos da. Pero tiene dos obstáculos que nos condicionan. Por una parte el mundo de los deseos: impulsos que condicionan nuestro mirar porque lo enfocan o limitan, o porque lo bloquean. Por esto es muy importante educar la mirada.

Por otro lado nuestro mirar puede estar saturado de fascinación por lo idolátrico, careciendo de transparencia. Se trataría de disponer de tiempos donde ejercitar la mirada gratuita, la mirada contemplativa.

Por otra parte podemos estar saturadas de imágenes retenidas. Tomar conciencia de esto nos hace optar por despejar la mente de imágenes, especialmente las que nos dominan en algún momento. Se trataría de descubrir que cuando miramos, también somos miradas. De esta forma, llega un momento en que ya no será un mirar posesivo, sino oblativo. Dice Antonio Machado: “El ojo que ves, no es ojo porque tú lo miras, es ojo porque te ve” Ya también el Señor nos habla de miradas:

- Curación de ciego Jn 9, 1-12. Pág 204
- Primer anuncio de la pasión: Mc 9,31-33 pág 91
- Bartimeo: Mc 11, 46-52. Pág 97
- La luz del alma. Lc 11, 33-36. Pág 146.

03. No es lo mismo oír que escuchar (10)

Oír hace referencia al acto simple, desnudo, de percibir un sonido. Escuchar es un acto reflejo, consciente y atento de ese oír. Lo que nos separa del escuchar son los ruidos internos que nos distorsionan. Las palabras que oímos solo se nos abren y florecen en nuestro interior por la escucha atenta. ¡Cuántas veces la escasez de escucha es un factor de distorsión en la comunicación humana!. La escucha se restaura en el silencio. Quien se ha ejercitado en oír y escuchar el silencio es capaz de entender hasta lo que no se ha dicho.

En el evangelio encontramos:
- La luz del reino. Mc 4, 21-22. Pág 81
- Primer anuncio de la pasión. Mc 8, 31-37. Pág 91
- Visita de la Virgen a Isabel. Lc 1, 39-45. Pág 117

04. Gusto (11)

Gustar es el acto de introducir la vida de otros seres en nuestro cuerpo para mantenernos vivos. Con el gusto la vida ajena entra dentro de nosotras. Por la boca podemos nutrirnos o envenenarnos. El gusto hace un discernimiento vital porque nos va la vida en ello. El gusto se asocia a la fase oral (según el psicoanálisis). En este periodo comienza un acto fundamental para sobrevivir: el reflejo de succión, que ayuda al niño/a a mamar. Si no evolucionamos y superamos esta fase, seremos chupopteras, que solo saben vivir de los demás. El gusto se asocia al sabor. La raíz latina se emparenta con la de saber. Y es que el sabio es el que sabe gustar las cosas pequeñas. El Señor recurre al gusto cuando:

- Primera multiplicación de los panes. Mc 6, 35-44. Pág 86
- Traición de Judas. Jn 13, 26.28. pág 214
- Promesa de la eucaristía. Jn 6, 51-56. Pág 196.

05. Olfato (12)

Es el sentido que tiene una mayor capacidad evocadora. Un olor nos puede trasladar a la infancia, a otra época, a un lugar lejano… El olfato se relaciona con la memoria El olfato nos remite a un instinto primario. Nos traduce el olor de las personas. Cada una de nosotras desprende un olor característico, independientemente de los perfumes o colonia que usemos. Nuestra piel huele El Señor también sabe de olores:

- Pecadora arrepentida. Lc 7, 36-49. Pág 134
- Resurrección de Lázaro. Jn 11, 32-44.

Este texto recoge casi todos los sentidos: Se echó a los pies (tacto), Ven a verlo, siempre me escuchas, Señor ya huele, sin tratar la emoción de Jesús ante las lágrimas de María.

NOS ADENTRAMOS EN LOS AFECTOS (1)

1. INTRODUCCIÓN

Los sentidos son los canales, a través de los cuales nos relacionamos con la realidad. Por su medio nos vamos configurando. Pero para analizar los procesos que provocan en nosotras, tenemos que hacer una incursión, que no excursión hacia el interior de cada una.

A partir de este momento, para referirme a los afectos, lo voy a hacer con la palabra sentimiento. Es solo por facilitar el lenguaje y que no nos perdamos en términos, que aunque no son lo mismo, me voy a permitir unificar. Voy a intentar desgranar una mínima parte de lo que podía ser un tratado sobre los sentimientos, y desde ya aviso, que por tiempo y por contenidos, esto se va a quedar en los principios. Quizás mi objetivo hoy sea poner un poco la miel en los labios. Y con esto me contento. Así que empezamos.

2. ¿QUÉ SON LOS SENTIMIENTOS? (2)

Empezar definiendo algo de esta envergadura, quizás sea demasiado aventurero. Por eso antes de llegar a decir que son, vamos a ver para que nos sirven. Todos los seres humanos tenemos conciencia de que los sentimientos nos vinculan con la realidad, con las personas, con los objetos…

Os propongo un experimento mental antes de avanzar. Vamos a imaginar una persona carente de todo sentimiento.(3) Quizás sea un poco chocante, pero no penséis que no existen. Los libros de psicopatología están llenos de ejemplos. Bueno, pues volvamos a nuestro sujeto. Una persona sin sentimientos, carece de toda capacidad de deseo. El deseo nos hace interesarnos por el mundo que nos rodea. A nuestro sujeto, todo lo que pasa le resulta indiferente. Como consecuencia, no tiene conflictos. Y esto que puede sonar a algo negativo, es todo lo contrario.

La relación con la realidad es conflictiva porque estamos activamente en ella, o mejor, formamos parte de ella. Y esta involucración despierta el deseo de poseerla, dominarla, manipularla, rechazarla, construirla, modificarla, y también de destruirla. Nuestro sujeto no tiene ningún problema de estos. Los sentimientos despiertan el deseo, y con él, el conflicto, porque queremos lo que no tenemos; y lo que tenemos, tememos perderlo, además de vernos obligadas a contar con lo que no queremos contar.

Vamos a detenernos un momento para contemplar, todo lo que esto significa. Estamos tocando la esencia de nuestra naturaleza. Y ésta se esconde en los sentimientos, que como ya hemos aprendido no están en la cabeza sino en el corazón ¿Si?

Bueno, pues para pensar un poco más, os diré que ninguna función de cualquier otro órgano del ser humano cumple el cometido que atribuimos a los sentimientos. Las actividades del corazón, los pulmones, riñones…son imprescindibles, para la vida biológica, pero no en el plano psicosocial. Acordémonos de la persona, que comentamos el día pasado que tenía un encefalograma plano, biológicamente podía seguir funcionando, pero ¿cómo? Termino este punto intentando definir los sentimientos.(4) Los sentimientos son instrumentos de que disponemos para la relación ( emocional y afectiva) tanto con personas, animales, cosas, cuanto con uno mismo, es decir, con nuestros pensamientos, fantasías, deseos, impulsos. Los sentimientos sirven para establecer relaciones con todo lo que nos rodea y con quienes nos rodean; para organizar jerárquicamente nuestros valores.

La particularidad, la originalidad de cada persona está en su mundo afectivo. Sin la singularidad de los sentimientos, todos los seres humanos seriamos iguales. Tenemos los mismos procesos cognitivos, sensorio-perceptivos, representacionales y mnémicos. Sin sentimientos seríamos robots. En clínica estas situaciones se dan en pacientes catatónicos.

Para situarnos un poco, vamos a pensar en una persona depresiva.(5) Es un ejemplo completamente intencional por lo gráfico. Sus sentimientos están alterados, no el resto de funciones orgánicas, aunque es cierto que la alteración afectiva, termina alterándolo todo. Imaginemos a una persona depresiva, dejando un poco de lado a nuestro sujeto, a-sentimental. Sus procesos cognitivos, por ejemplo su pensamiento, se ralentiza, es incapaz de tomar decisiones, tiene lagunas de memoria, alteraciones de atención, dificultad para la concentración, la comprensión…todo un cuadro.

Los sentimientos nos conducen y nos dirigen hacia la realidad, la sitúan en un campo perceptual, y por esto somos capaces de seleccionar. (6).No habría selección de la realidad, es decir, ordenación personal del mundo que nos rodea, si careciéramos de sentimientos o poseyéremos todos los mismos. Puntualizo algo que he dicho antes y que puede no entenderse bien. Hay diferencias en la esfera cognitiva de los seres humanos, que se traduce en variaciones de nuestras aptitudes y capacidades intelectuales pero los sentimientos son los que nos distinguen como sujetos dentro de las relaciones.

3. ¿QUÉ PRODUCEN LOS SENTIMIENTOS? (7)

Los sentimientos, fundamentalmente nos cualifican y nos modifican. Para explicarme y que me entendáis. Vamos a ponernos en una situación de conflicto (que son casi todas). Por ejemplo, para ser algo drástica, una persona nos insulta. Tenemos un efecto provocador, y por otra parte un efecto retroactivo, esto es, la reacción que la provocación produce en nosotras. Y es que no permanecemos indiferentes. Sino que nos afectamos por el sentimiento que se provoca en nosotras, esto supone una modificación en nosotras porque hemos perdido el estatus de tranquilidad.

Ahora nos vamos a situar en la persona que insulta. El sentimiento puede ser el de despreciable por odiar a alguien. Aquí también hay una reacción, y es que el sentimiento de odio revierte sobre una misma. Es el sentimiento que surge al reconocer una experiencia emocional. Creo que puedo apelar a la experiencia en esto ¿no? Cuando tomamos conciencia de esto, aparece la necesidad de disculparnos o pedir perdón. En el fondo, lo que pretendemos es recuperar ese estatus de tranquilidad, que también teníamos antes. Esto tiene mucho de control emocional.

Con todo esto que quiero decir. Que el sentir tiene dos partes: la experiencia cognitivo-emocional que la situación o las personas nos provocan, y los efectos que esta experiencia desencadenan en la persona, en todo el organismo de la persona. Todo sentimiento y toda emoción conllevan una alteración en el organismo. Pensemos en el miedo. Es una emoción, que provoca: tensión muscular, taquicardias, sudoración, temblores, incontrolabilidad de esfínteres, diarreas…Es una emoción que altera todo los sistemas orgánicos. No voy a entrar en detalles para no alargarme.

4. SENTIMIENTO Y CONOCIMIENTO (8)

Si conocemos el sentimiento y notamos sus efectos es porque disponemos de instrumentos cognitivos que hacen de ese estado emocional un objeto. Sigo con el ejemplo del miedo. Sabemos o podemos saber qué cosa nos provoca el miedo, y cómo es el miedo en sí mismo: por eso podemos describirlo.

Los datos del objeto provocador del sentimiento los obtenemos por tres vías: los sentidos (que ya explicamos), la experiencia, y la representación del objeto, es decir, los atributos que el objeto tiene para mí. En todo esto juega un papel importante la memoria.

Vamos a poner otro ejemplo. Me dan miedo lo ascensores. Cuando subo a uno, mis sentidos experimentan la subida. He tenido la experiencia de pasarlo mal en alguno. Es un objeto ante el que me siento atrapada y sin poder salir. Tengo elementos para tener miedo. Quizás no todo es real, pero estoy condicionada por lo que sé y lo que he vivido. Y esto que me pasa a mí, puede ser compartido por otras personas. Si esto me limita para desarrollar una vida más o menos normal, estaremos hablando de una fobia. Un miedo a algo concreto, que altera mi vida. Y si es demasiado intenso y paralizante, mi fobia se reafirmará y entrará a formar parte del Manual de Trastornos Mentales. Que no cunda el pánico, que a pesar de la etiqueta, esto tiene cura, y no es difícil.

Es solo un ejemplo en el que cognición y sentimiento se dan la mano. Y digo más, mientras haya conciencia de cognición, es decir, mientras pueda decir que me pasa y saber por qué me pasa, la situación tiene solución. Es el caso de mi fobia. En casos de depresiones mayores, que antes decíamos, esto es mucho más complicado.

5. LA DIFICULTAD DE LOS SENTIMIENTOS (9)

Cuando introducíamos el tema, anterior, ya me aproxime a esta idea. La limitación principal que tiene un sentimiento es que se trata de algo íntimo, privado, intransferible, propio. Para entendernos. Lo que yo siento no lo puede sentir nadie por mucho que me esfuerce en explicarlo. Mi sentido del dolor, mi experiencia, mi percepción de la situación o de la persona que me causa el dolor, es única. Y de esto tenemos experiencias. No nos duelen las mismas cosas, ni de la misma manera.

Esto tiene otra vertiente. Cuando tenemos experiencia de dolor por algo y no queremos comentarla, podemos controlarla, de manera que pasen inadvertidos los síntomas, incluso podemos llegar a negar lo que nos sucede. Los síntomas, a veces, se nos escapan, pero siempre podemos enmascararlos para decirlos cuando y a quien queremos.

Este carácter íntimo tiene tres consecuencias: (10) I. Obliga a quien recibe la expresión del sentimiento a aceptar la incertidumbre sobre el sentimiento que se informa. ¿Cómo podemos saber que lo que nos están contando es cierto? ¿Cómo puedo saber que quien me dice: Te quiero, me lo dice de verdad?

No lo puedo saber. El principio de la incertidumbre en relación con la intimidad de la otra persona, deriva de la necesidad de confiar en él o ella, y basar la relación interpersonal en una creencia. Y esto tiene sus luces y sus sombras.

II. Los sentimientos, como ya hemos comentado antes, se tienen para vincularnos con la realidad, las cosas y las personas. La confianza en la persona que nos dice, está por encima de la supuesta sinceridad del sentimiento. Y desde aquí nos relacionamos. Es un permanente acto de fe en las personas.

III. Finalmente, la insuficiencia demostrativa de la expresión y de la formulación verbal de la experiencia emocional contribuye a hacer más compleja la vida sentimental, y por tanto a incrementar el repertorio de mis sentimientos. ¿Qué quiero decir con esto?. Pues que hemos aprendido a compatibilizar los sentimientos de aversión o de odio hacia otras personas, con sentimientos incluso opuestos al servicio de nuestros intereses y para un cometido concreto. Un ejemplo muy claro.

Mi jefe es una persona desagradable, impositivo, intolerante…y lo sé, pero como a mí me interesa que me ascienda, mi actitud hacia él es de simpatía y sumisión aparente y placentera, para obtener de él este beneficio. Terminar este punto diciendo que hay sentimientos que no hubieran aparecido si las condiciones de incertidumbre no se dieran en realidad. Me refiero a sentimientos como la suspicacia, la sospecha, los celos, la reserva. Surgen cuando la incertidumbre sobre la realidad o la persona son superiores a mi confianza en ella.

6. ¿CÓMO HABLAMOS DE LOS SENTIMIENTOS? (11)

Tener un sentimiento es estar afectada, porque lo padecemos o lo disfrutamos. El recuerdo de la situación o de la persona en qué se da, es provocadora, nos afecta también aunque de manera bien distinta. Esto es plenamente experimentable. Estamos afectadas por un sentimiento mientras se tiene.

También se da el caso de que el hecho provocador de un sentimiento puede persistir. Por ejemplo la pérdida en la Bolsa, o una enfermedad. Aún así, la intensidad del sentimiento es distinta.

También podemos experimentar sentimientos que antes no teníamos. Podemos decir, por ejemplo: yo nunca he sentido odio. Y esto es verdad, hasta que se presenta la situación o la persona que te pone a prueba. Con esto quiero decir, que los sentimientos de que disponemos no siempre se ponen a prueba. Los sentimientos están a disposición de las personas como instrumentos para lograr un buen nivel de relaciones singulares con las situaciones y las personas. Concluyo este punto, diciendo que cada una de nosotras debería saber de qué sentimientos dispone, como son esos sentimientos y qué capacidad tenemos para evocar el sentimiento análogo al experimentado en una situación concreta. Me refiero al recuerdo de sentimientos pasados.

Tengamos claro que no se reproducen los sentimientos cuando se les recuerda: el recuerdo de la alegría puede alegrarnos, pero es siempre una alegría distinta. Por eso, a los sentimientos nos referimos en presente de indicativo. Decimos “siento tristeza” o “siento hambre”. Cuando se habla en pasado de un sentimiento, éste ya no existe. No puedo sentir la tristeza que sentí, como no puedo tener hambre por recordarla.

7. PUNTO Y SEGUIDO Y, termino sin haber empezado, con una pregunta: ¿disponemos todos de los mismos sentimientos? (12) La respuesta es clara: no. En esto radica la originalidad de la vida afectiva de cada ser humano. La dimensión afectiva de casa persona es única.

Estamos tratando este tema, dentro de un espacio de formación: formación intelectual y formación emocional. La cultura a la que nacemos, tiende a homogeneizarnos, a hacer que todas las personas dispongan de los mismos medios intelectuales, y los utilicen según sus capacidades. En el mundo afectivo el planteamiento es otro. Los sentimientos y los valores son un tema para la lucha, descarada o encubierta, dentro de un espacio social y cultural. Esto no es formación de escuela, pero si está llamada a ser formación personal.

De lo interior afectivo a lo relacional externo

(1)

1.-INTRODUCCIÓN

Hemos hablado de sentidos, como puerta de entrada de sentimientos; intentaremos acercarnos a la expresión de lo que vivimos dentro. Expresar (2) indica un movimiento de lo interior a lo exterior. Y es que los sentimientos salen, a veces, se nos escapan.

Vamos a tratar lo que es la expresión, que no la represión. Y hago este matiz, por las repercusiones que una actuación u otra tiene en nuestro mundo afectivo. Expresar es dejar salir. Reprimir es bloquear y obstaculizar la salida. Son estilos muy diversos que están relacionados con las pautas educativas que hemos tenido, o con experiencias sociales que nos han condicionado.

La represión merecería otro análisis, y en lo que nos interesa centrarnos es en la salida de nuestros sentimientos.

2.-

EXPRESIÓN DE SENTIMIENTOS Y ASERTIVIDAD

Voy a relacionar dos conceptos, que aunque puedan parecer dispares, van de la mano. La asertividad (3) es la expresión de una conducta socialmente hábil en relación con la expresión de sentimientos.

La asertividad me permite: Expresar sentimientos o deseos positivos y negativos de una forma eficaz sin negar o desconsiderar los de los demás y sin crear o sentir vergüenza. Discriminar entre la aserción, agresión y pasividad. Discriminar las ocasiones en las que la expresión personal es importante y adecuada. Defenderse sin agresión o pasividad frente a la conducta poco cooperadora o razonable de los demás.

Detrás de todo esto, hay un aprendizaje serio. Y es que en el fondo no nacemos programados para relacionarnos correctamente en el medio social. La asertividad me permite expresar de manera directa los sentimientos de manera legítima, sin amenazar o castigar a los demás y sin violar los derechos de esas personas.

La aserción implica respeto hacia unos mismo al expresar necesidades propias y defender los propios derechos y respeto hacia los derechos y necesidades de las otras personas. Las personas tienen que reconocer también cuáles son sus responsabilidades en esa situación y qué consecuencias resultan de la expresión de sus sentimientos. La conducta asertiva no tiene siempre como resultado la ausencia de conflicto entre las dos partes; pero su objetivo es la potenciación de las consecuencias favorables y la minimización de las desfavorables. En contraposición están:

Conducta pasiva (4) Es la transgresión de los propios derechos al no ser capaz de expresar abiertamente sentimientos, pensamientos y opiniones o al expresarlos de una manera autoderrotista, con disculpas, con falta de confianza, de tal modo que los demás puedan de tal modo no hacerle caso. La no aserción muestra una falta de respeto hacia las propias necesidades. Su objetivo es el apaciguar a los demás y el evitar conflictos a toda costa. Comportarse de este modo en una situación puede dar como resultado una serie de consecuencias no deseables tanto para la persona que está comportándose de manera no asertiva como para la persona con la que está interactuando. La probabilidad de que la persona no asertiva satisfaga sus necesidades o de que sean entendidas sus opiniones se encuentra sustancialmente reducida debido a la falta de comunicación o a la comunicación indirecta o incompleta. La persona que actúa así se puede sentir a menudo incomprendida, no tomada en cuenta y manipulada. Además, puede sentirse molesta respecto al resultado de la situación o volverse hostil o irritable hacia las otras personas. Después de varias situaciones en las que un individuo ha sido no asertivo, es probable que termine por estallar. Hay un límite respecto a la cantidad de frustración que un individuo puede almacenar dentro de sí mismo. El que recibe la conducta no asertiva puede experimentar también una variedad de consecuencias desfavorables. Tener que inferir constantemente lo que está realmente diciendo la otra persona o tener que leer los pensamientos de la otra persona es una tarea difícil y abrumadora que puede dar lugar a sentimientos de frustración, molestia o incluso ira hacia la persona que se está comportando de forma no asertiva.

Conducta agresiva (5) Defensa de los derechos personales y expresión de los pensamientos, sentimientos y opiniones de una manera inapropiada e impositiva y que transgrede los derechos de las otras personas. La conducta agresiva en una situación puede expresarse de manera directa o indirecta. La agresión verbal directa incluye ofensas verbales, insultos, amenazas y comentarios hostiles o humillantes. El componente no verbal puede incluir gestos hostiles o amenazantes, como esgrimir el puño o las miradas intensas e incluso los ataques físicos. La agresión verbal indirecta incluye comentarios sarcásticos y rencorosos y murmuraciones maliciosas. Las conductas no verbales agresivas incluyen gestos físicos realizados mientras la atención de la otra persona se dirige hacia otro lugar o actos físicos dirigidos hacia otras personas u objetos. Las víctimas de las personas agresivas acaban, más tarde o más temprano, por sentir resentimiento y por evitarlas. El objetivo habitual de la agresión es la dominación de las otras personas. La victoria se asegura por medio de la humillación y la degradación. Se trata en último término de que los demás se hagan más débiles y menos capaces de expresar y defender sus derechos y necesidades. La conducta agresiva es reflejo a menudo de una conducta ambiciosa, que intenta conseguir los objetivos a cualquier precio, incluso si eso supone transgredir las normas éticas y vulnerar los derechos de los demás. La conducta agresiva puede traer como resultado a corto plazo consecuencias favorables, como una expresión emocional satisfactoria, un sentimiento de poder y la consecución de los objetivos deseados. No obstante, pueden surgir sentimientos de culpa, una enérgica contraagresión directa en forma de un ataque verbal o físico por parte de los demás o una contraagresión indirecta bajo la forma de una réplica sarcástica o de una mirada desafiante. Las consecuencias a largo plazo de este tipo de conductas son siempre negativas.

Debemos expresar los estados emocionales negativos de una manera directa y controlada para evitar el deterioro de la relación con los demás. Además también facilita nuestro desahogo. Lo que se pretende es comunicar nuestro estado emocional para evitar interpretaciones erróneas por parte del otro. Las ventajas de contar a otros cómo me siento son: • Que me comprendan. • Que me escuchen. • Que me ofrezcan apoyo, cariño y ayuda. • Reducir nuestro malestar, tensión.

Las consecuencias negativas de no expresar los sentimientos son: Acumulación de sentimientos negativos. El otro puede percibir que “ocurre algo” pero no sabe a qué se debe ni qué hacer para solucionarlo. Comportarnos de manera agresiva e irónica o incluso evitar situaciones. Expresar emociones negativas: Aspectos previos: Buscar el momento adecuado. Disponibilidad y atención por parte de la otra persona Esperar a que la atención se haya reducido un poco. Dedicar un momento a relajarnos, a darnos autoinstrucciones, a respirar profundamente, etc. Conducta verbal: Especificar la conducta o situación que ha motivado el sentimiento, describiéndola. Expresar nuestro sentimiento con claridad admitiéndolo como propio (en primera persona). Reforzar al otro por habernos escuchado Escuchar si el otro emite comentarios o alternativas de solución. Conducta no verbal: Señales no verbales congruentes con el contenido verbal expresado. Expresión del rostro serio o triste en función de la emoción que expresamos. Mirada directa. Contacto visual intermitente Volumen audible, no gritar.

4.-RECIBIR EMOCIONES NEGATIVAS (10)

Aprender a discriminar las señales de alteración emocional en los demás. Importancia de la empatía, el ponerse en el lugar del otro, entender lo que el otro piensa o siente. Importancia de la escucha activa. Análisis de temores e ideas irracionales: “No voy a saber qué decir, cómo solucionarlo” “Si me hago el loco se le pasará” “No es mi problema, a mí que me importa” “Ya me contará qué le pasa cuando quiera” Ventajas de ser un buen un buen receptor de los sentimientos negativos del otro: Reducción de la tensión al permitir el desahogo y la comunicación de su problema. Relaciones más profundas y cálidas Errores más frecuentes: No escuchar. Cambiar de tema. Dar consejos inmediatamente Criticar el comportamiento o el sentimiento del otro Componentes de la recepción de emociones negativas: • Conducta no verbal: Contacto visual, mirada más frecuente y durante más tiempo (escucha). Rostro: reflejar la emoción que nos expresa o rostro serio Proximidad física. Contacto físico (dependiendo del contexto y de la persona, puede ser correcto tocar o abrazar). Cuanta menos confianza menos contacto o en zonas del cuerpo menos comprometidas, por ejemplo, manos, brazos y hombros. Volumen audible pero bajo Tono suave y preguntas inquisitivas Señales no verbales de escucha activa. Movimientos de cabeza • Conducta verbal: Si observamos señales de alguna alteración emocional en el otro pero no hay comunicación verbal directa, usar preguntas: “Te noto un poco serio, ¿te ocurre algo?” “Pareces cansado, ¿cómo te ha ido hoy?” Señales verbales de escucha activa: Breves afirmaciones o exclamaciones: “¿Si?”, “ ¡No me digas!” Preguntas pidiendo más datos: “¿Y qué ocurrió?”, “¿Y qué hiciste?” Comentarios de empatía o comprensión de sentimientos del otro: “Comprendo que te sientas así” “Yo también me hubiera sentido así” “Me alegro de que me lo hayas contado” Preguntas dirigidas a conocer las posibles soluciones que el otro haya previsto “¿Y qué has pensado hacer?” Si se valora conveniente o lo solicitan, dar alguna sugerencia de solución. Plantear en términos positivos y evitar los “deberías”: “Yo creo que podrías hacer…” “Quizás podrías…”

6.- EXPRESAR EMOCIONES POSITIVAS (11)

Tenemos el derecho de expresar, de manera apropiada, sentimientos de amor, agrado y afecto hacia aquellas personas hacia las que tenemos esos sentimientos. Para muchas personas el oír o recibir estas expresiones sinceras constituye una interacción muy agradable y significativa y, al mismo tiempo, profundiza y fortalece la relación entre las partes.

Las ventajas de expresar emociones positivas son las siguientes: • A la gente le gusta escuchar expresiones positivas hacia ellos. Además aprenden qué es exactamente lo que nos gusta de ellos y hay más probabilidad de que lo repitan. • Nosotros nos sentimos bien al hacer cumplidos, expresar aprecio, etc. • La expresión de emociones positivas permite profundizar y fortalecer una relación. El refuerzo aumenta la probabilidad de obtener refuerzo del otro. Cuando uno expresa emociones positivas, influye en que el otro también lo haga. • Tener en cuenta la importancia del elogio en el inicio de las relaciones. Nos atraen y nos apetece más hablar con personas que son capaces de expresarnos sentimientos positivos. • Si en otras ocasiones es necesario expresar sentimientos negativos o críticas, habrá menor probabilidad de que hieran al otro, si esto ocurre en el marco de una relación en la que se intercambian muestras de afecto. A veces tenemos ciertos temores a expresar elogios que debemos evitar: • “No debería halagar a los otros. Ellos deberían darse cuenta de cómo me siento por el modo como actúo”. Los demás no leen nuestros pensamientos. Un halago está menos sujeto a mala interpretación que nuestros actos. Debemos pensar que nosotros tampoco adivinamos qué le gusta a los demás. • “Pensarán que quiero algo de ellos o que soy un hipócrita” Sólo debemos pensar qué sentimos nosotros cuando recibimos un cumplido • “¿Y si no me responden?” ¿Cómo actúa esa persona, en general, con respecto a ti?, ¿te evita o rehuye?, ¿los demás van a actuar siempre como tú quieres?, ¿es tan terrible que no lo hagan? Recuerda tu objetivo: Expresar halago o un afecto positivo y no el conseguir algo de los demás. Tenemos el derecho a expresar una emoción positiva si así lo deseamos. Conducta no verbal Adecuarla a la interacción y al contenido verbal. Contacto visual. Sonrisa. Tono de voz cálido y cordial. Contacto físico: aproximación. Conducta verbal: • Expresión de aprecio y elogio: “Pienso que eres un buen amigo”, “Creo que eres estupendo”, “Ha sido muy agradable”, “Lo he pasado muy bien”. Expresarlo siempre en primera persona. • Expresión de sentimientos positivos: “Me gusta”, “Me ha encantado”, “Me siento muy bien”, “Le quiero”. • Especificar aspectos positivos o gratificantes de la conducta del otro (de una forma clara y correcta): “…cuando me miras así”, “tu forma de escucharme”, etc. • Especificar las situaciones de una forma clara y concisa (cuando la emoción no se refiere al otro) por ejemplo, “…cuando llueve”, “…cuando me esfuerzo en hacer las cosas”, “….pienso lo que estoy haciendo” • Utilizar en la expresión distintas formas gramaticales que ayuden a cargar emocionalmente el mensaje (metáfora, metonimia, adjetivos…). • Conducta positiva recíproca: “Si alguna vez necesitas algo pídemelo”, “Venga, te invito a un refresco”, etc.

7.-

RECIBIR EMOCIONES POSITIVAS

(12)

Debemos ser capaces de manifestar aceptación de las emociones positivas de los demás hacia nosotros sin que nos provoquen estados emocionales negativos. De esa forma, posibilitaremos expresiones de atención, interés o reacción ante la emoción del otro. Debemos pues, facilitar la emisión de comentarios de refuerzo o agradecimiento.

Así, debemos aprender a aceptar, reconocer y agradecer un cumplido. Al aceptarlo e incluso, reforzarlo aumentamos la probabilidad de mantener interacciones de carácter positivo con los otros.

Algunos temores que solemos tener con respecto a recibir emociones positivas son los siguientes: “Si me encuentro de acuerdo con un cumplido, pensarán que soy un engreído” Si a lo mejor no estamos de acuerdo con el cumplido hay que tener en cuenta que lo que los otros nos dicen es una opinión subjetiva, igual que la que podamos tener nosotros. No tenemos por qué estar de acuerdo pero sí apreciarla. También es importante para nosotros que reconozcamos nuestros aspectos positivos. Esto va a influir en nuestra propia valoración y nuestra autoestima. Conducta no verbal: Contacto ocular. Sonreír Expresión facial y corporal relajada Contacto corporal, aproximación (si lo creemos oportuno). Conducta verbal: Aceptar el elogio, no negarlo. “Gracias, me alegro que te guste”, “Eres muy amable”, “Te lo agradezco”, etc. Si se está de acuerdo con el otro, expresárselo, por ejemplo, “La verdad que a mí me gusta también”, “Yo pienso también que he hecho un buen trabajo”, etc… Si se desea reforzar: expresión de aprobación ante la expresión de emoción del otro. Ejemplo: “Me gustó mucho la carta que me escribiste en vacaciones” “Muchas gracias. Eres el único que me lo ha dicho de todos a los que escribí. Me alego que me lo hayas dicho, eso me anima a escribirte otra vez.

TEST DE ASERTIVIDAD Y AUTOESTIMA Defender tus propios derechos

1. Si te tratan de forma injusta ¿te resulta difícil exponer tranquilamente tus derechos? 2. ¿Sientes con frecuencia que no tienes los mismos derechos que los demás? 3. ¿Crees haber aceptado, en varias ocasiones, situaciones inadmisibles?

Rechazar peticiones, saber decir “no”

4. Cuando te piden un favor que no deseas hacer ¿te cuesta decir “no” y quedarte tranquilo/a? 5. ¿Sientes que muchas veces que los demás se aprovechan de tu tendencia a complacerlos? 6. ¿Has sufrido en varias ocasiones una reacción emocional desmesurada por la sensación de que los demás abusan de tu tendencia a "aceptarlo todo"? Pedir favores y hacer peticiones 7. ¿Te resulta difícil tomar la iniciativa en expresar tus deseos? 8. Si la conducta de otra persona te molesta, ¿te cuesta decírselo y pedirle que cambie su comportamiento contigo? ¿De que forma te sale? 9. ¿Te sientes incómodo/a cuando te hacen un favor y no sabes qué decir? 10. Cuando pides un favor que tú estarías dispuesto/a a hacer sin demasiada dificultad ¿te sientes algo violento?

Pedir cambio de conducta en el otro

11. ¿Te cuesta decir por ejemplo: “mira, esto a mi no me lo hagas, cambia tu comportamiento conmigo? Actuación por exceso (agresivo) 12. ¿Acostumbran a tenerte por una persona agresiva o despiadada cuando decides decir lo que piensas? 13. Cuando decides expresar tu desacuerdo u opiniones a los demás, ¿suelen sentirse agredidos, dolidos, o reaccionar defendiéndose de lo que consideran un ataque personal?

Expresar sentimientos positivos (amor, agrado, afecto) y negativos (desagrado, disgusto, expresión justificada de ira)

14. ¿Te cuesta expresar tu amor, decir lo que te gusta? 15. ¿Te cuesta expresar tu enfado y prefieres callar? Expresar opinión personal incluido el desacuerdo 16. Cuando no coincide tu opinión con la de los demás ¿te cuesta expresar lo que realmente piensas? 17. Cuando decides expresar a otros su postura o desacuerdo ante algún hecho, ¿te sueles sentir tenso/a o perder el control de tus emociones? 18. ¿Es poco frecuente que expreses tus opiniones, aceptando y atendiendo a los diferentes puntos de vista de los demás?

Miedo al rechazo

19. Ocultas tus sentimientos en muchas ocasiones por temor a ser rechazado/a? 20. ¿Acostumbras a callar y no expresar tus ideas u opiniones por temor a perder la simpatía de los demás? 21. ¿Temes a una reacción de rechazo por parte de los demás ante la oportunidad de expresar tu punto de vista sobre alguna cuestión?

Manejo de las críticas

22. Cuando te critican alguna actuación ¿Sueles sentirte abatido/a? 23. ¿Te sientes inseguro/a e incómodo/a al relacionarte con alguna autoridad? 24. Ante una crítica ¿Te acostumbras a defender justificándote o negando la evidencia? 25. ¿Tienes un bajo auto concepto de tí mismo? 26. ¿Te sientes incómodo al disculparte o admitir tu ignorancia en algún tema?

Hacer y aceptar cumplidos

27. Si te hacen un halago ¿Te sientes incómodo/a y tiendes a decir que será por el nuevo traje, peinado, etc.? 28. Cuando ves una amiga guapa o que ha hecho algo bien ¿te cuesta decírselo con facilidad?

Expresar amor, agrado, afecto

29. ¿Te cuesta expresar tu amor, decir lo que te gusta? La capacidad de iniciar, continuar y acabar conversaciones 30. ¿Tomas la iniciativa para iniciar, continuar y acabar una conversación? ¿O aunque te aburran o tengas prisa aguantas estoicamente el”rollo”?

Test sobre asertividad Asigna un número a cada elemento utilizando esta escala.

Siempre 5-4-3-2-1 Jamás. 1. Les pido a los demás que hagan cosas sin sentir culpa o ansiedad. 2. Cuando alguien me pide que haga algo que no quiero, digo “no” sin sentir culpa o ansiedad. 3. Me siento a gusto hablando ante grupos numerosos de personas. 4. Expreso con confianza mis opiniones honestas a figuras de autoridad (como mi jefe). 5. Cuando experimento sentimientos poderosos (ira, frustración, desilusión, etc.) las expreso fácilmente con palabras. 6. Cuando expreso ira lo hago sin culpar a los demás “por hacerme enojar”. 7. Me siento a gusto expresando mis puntos de vista frente a grupos. 8. Si no estoy de acuerdo con la opinión de la mayoría en una reunión, puedo “mantenerme en mis cinco sentidos” sin sentirme cómodo sin ser áspero. 9. Cuando cometo un error, lo reconozco. 10. Les digo a los demás cuando su conducta me crea problemas. 11. Fácil y cómodamente me mezclo con nuevas personas en situaciones sociales. 12. Cuando hablo sobre mis creencias lo hago sin etiquetar las opiniones de los demás como “locura, estupidez, ridiculez o irracionalidad”. 13. Supongo que la mayoría de la gente es competente y confiable y no tengo dificultad en delegarle tareas. 14. Cuando pienso en hacer algo que jamás he intentado, confío en que puedo aprender a hacerlo. 15. Creo que mis necesidades son tan importantes como las ajenas y tengo derecho a que se satisfagan las mías. Después de haber asignado un número a cada afirmación suma los 15 números y compara el resultado con los siguientes: Si el total que obtuviste es de 60 o más tu filosofía asertiva es consistente y tal vez manejes bien casi todas las situaciones. Si el total obtenido es de 45-60, tienes una perspectiva razonablemente asertiva. Hay algunas situaciones en las que eres naturalmente asertivo. Si su total es de 35-45, pareces ser asertivo en algunas situaciones pero tu respuesta natural es no asertiva o agresiva. Si su total es de 15-30, tienes mucha dificultad para ser asertivo.

MRVH (AJM)

La dimensión afectiva en el ser humano

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