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La marcha de los in - voluntarios


LA MARCHA DE LOS IN-VOLUNTARIOS

Érase un joven generoso que se había ofrecido de voluntario en una asociación que tenía la voluntad de ayudar, voluntariamente, a los involuntariamente desfavorecidos de la fortuna.

(Hagamos un paréntesis para explicar que “desfavorecidos de la fortuna” es toda aquella persona que gracias a los sistemas económicos, a las leyes del mercado y a la ley del más fuerte se queda sin comida, sin escuela, sin vestido, sin vivienda digna... Es como sin a uno que va por la calle le asaltan, le golpean y le dejan desnudo..., y se le llama peatón “desfavorecido”... Pero volvamos al tema).

El joven generoso se había ofrecido voluntario...

Como era voluntario, tenía muy buena voluntad pero no muy grande (el tamaño es lo de menos). Se había comprometido en acudir a la asociación todos los martes, jueves y viernes a las seis de la tarde.

En la asociación estaban muy contentos con el nuevo fichaje porque hacía falta su colaboración como estudiante de economía para llevar las cuentas que en aquella asociación (como en casi todas) estaban manga por hombro. Pero he aquí que el voluntario, para eso era voluntario y no percibía ningún sueldo, aparecía un martes, pero el jueves tenía un partido de tenis al que no podía faltar, y el viernes ponían en el cineclub de la universidad una interesantísima película que no podía perderse.

Al martes siguiente el voluntario llegó involuntariamente una hora y cuarto más tarde y se puso al trabajo con gran entusiasmo. El siguiente jueves llegó solo media hora más tarde y cuando estaba en lo más arduo de su tarea de economista, recibió la llamada de Yolanda:... “Pero no te acuerdas que hoy es mi cumple? - ¡Ay, perdona!”. Dejó los papeles revueltos sobre la mesa y salió corriendo. Estuvo en la asociación como un clavo los tres días siguientes porque al llegar el viernes, notó una cara algo extraña en el coordinador. Pero he aquí que dos semanas más después encontró en el periódico el anuncio de un curso intensivo de danza-jazz. ¡Con el interés que tenía el voluntario por la cultura afroafricana, la solidaridad con el mundo negro, la expresión corporal! Avisó al coordinador: “...No serán más que dos semanas... luego podré aportar...”.

Las dos semanas se convirtieron en cinco, pero el martes de la sexta apareció puntualísimo en la asociación. En la mesa que el ocupaba normalmente, había trabajando una señora mayor con lentes finitos de esos de mirar por encima. “Buenas tardes”. “- Buenas tardes”, contestó la señora mayor y siguió a lo suyo.

El coordinador se asomó a la puerta:

“Hola, presentó a Doña Rosalía... Es contable jubilada que se ha ofrecido... ¿vienes un momento? Se lo llevó a su despacho.

-  Mira que urgía el asunto de las cuentas y ella, aunque a veces tiene que traerse a su nieto, o se le pone el marido enfermo, tiene más tiempo. Pero es que yo soy voluntario...

-  Bueno, bueno,... Hay otro rollo para ti. Hemos tenido una reunión los responsables de organizaciones no gubernamentales, ONG, fundaciones, clubes benéficos y hemos organizado algo que creo que te resultará interesante. Apunta esta dirección.

Al día siguiente, martes, el voluntario se dirigió a dicha dirección, valga la redundancia. En la puerta de aquella casa del viejo Madrid había un cartelito: “Asociación de involuntarios”, piso 2º, derecha. Estuvo apunto de marcharse confundido pero le ganó la curiosidad y subió. En recepción una muchachita estaba poniéndose el abrigo. “Hola, eres nuevo, ¿no? Aquí tienes un prospecto de la asociación”. Ella se fue. Por la sala de recepción cruzaban, entraban y salían jóvenes y maduros de distinta carrocería. Leyó: “Asociación de involuntarios. Fundación de la unión de agrupaciones de servicio social.

Nuestro objetivo es ofrecer un campo de actividades a todos aquellos jóvenes o adultos inquietos que quieran hacer algo (pero no demasiado) en su vida. Esta asociación cuenta con sala de revistas, videoteca, sala de reuniones informales... No hay horario fijo ni reglamento concreto. Puede usted venir cuando le apetezca y comprometerse en la actividad que usted elija, aunque luego sus múltiples ocupaciones y contactos no le permitan llevar a cabo su compromiso. Las ventajas de esta asociación son: que usted se sentirá realizado y que no dejará empantanada la acción de las organizaciones que se baten el cobre por causas serias en defensa de los desfavorecidos (robados) de la fortuna (los poderosos). Posibles actividades que le ofrecemos...”

Al voluntario no le pareció mal la idea e iba a ponerse a elegir una actividad entre la amplia lista. Pero en aquel momento miró el reloj. “Uy!, las 7 y media. Hoy transmiten el partido Oviedo contra Osasuna!

Y salió, involuntariamente, corriendo.

Martín Valmaseda

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