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La palabra en la era digital por Xiskya Valladares


“La Palabra en la era digital” por Xiskya Valladares

Xiskya Valladares noviembre 3, 2014

Publicado en ACOMPASANDO

Hace poco me preguntaban en un programa de televisión si la vida cristiana y religiosa es compatible o no con la vida digital. Me dio risa porque es como preguntar si la fotografía analógica es compatible con la cámara digital. ¿Acaso no se trata de dos formas de expresión de un mismo contenido? No me canso de repetir que somos uno y que como tal nos expresamos en los distintos entornos y ámbitos en que vivimos. El Continente Digital es uno de esos lugares más.

continente digitalFue Benedicto XVI quien utilizó por primera vez el término “Continente Digital”. Con esto ya nos estaba hablando de la red como un lugar. Aunque lo digital abarca mucho más que Internet, también las Apps de los móviles, también los distintos dispositivos que hoy usamos y muchos sistemas incluidos en nuestra vida ordinaria. Basta darle a un niño de 2 años un Tablet y observar cómo sabe perfectamente desenvolverse hasta el punto de intentar después ampliar las fotos de una revista de papel. Lo digital está imbuyendo prácticamente toda nuestra vida hasta el extremo de las casas domóticas. Pero incluso sin llegar a tanto, ¿quién no tiene televisión digital, nevera que se puede programar, toldos o luces automáticas, coches que se abren a distancia, etc.? Es muy difícil encontrar en nuestro mundo occidental a alguien que haya logrado prescindir totalmente de lo digital. Y como cristianos somos personas inmersas en este mundo.

Quizás el cambio histórico más significativo análogo al paso a lo digital sea el de la imprenta de Gutenberg. Aunque ésta solo afectó al libro y la lectura, mientras que la revolución digital va mucho más allá. La pregunta es ¿cómo hemos adaptado nuestra vida ordinaria a este cambio? Lo más probable es que ni siquiera nos hayamos enterado. Lo digital se ha ido incorporando de forma completamente natural. ¿Por qué entonces sí nos cuestionamos la adecuación de la vida cristiana con la digital? Pienso que este ajuste también debería darse de forma natural como una consecuencia más de la revolución global que vivimos en lo digital.

El problema surge con las diferencias generacionales. El GPS de un coche lo usará con naturalidad alguien de 30 años, pero quizás no una persona de 60 o más. Esto mismo sucede con la mayoría de los cambios digitales. Al igual que el niño de 2 años sabe usar una Tablet, seguramente a alguien de más de 55 se lo tendrán que explicar. De ahí que surjan las brechas generacionales en la adaptación a la Era Digital.

De esta misma forma, la evangelización digital supone una dificultad a los no nativos digitales. Pero el mensaje de Jesús sigue siendo el mismo: “Id y anunciad a todas las gentes, hasta los confines del mundo” (Marcos, 16, 15). Y esos “confines” llegan en la actualidad hasta el Continente Digital. ¿Cómo vivir entonces la Palabra? ¿Cómo anunciar en el nuevo escenario? ¿Cómo evangelizar estos nuevos lugares?

Algunas pistas que podrían ayudarnos en esta adaptación sería empezar por Primero; tener claro que la Red no es sólo un instrumento, sino un lugar habitado. Se trata de Evangelizar en Internet, no tanto de ‘usar’ Internet para evangelizar.

Segundo, que en un mundo principalmente audiovisual, la clave está en el testimonio: “Para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida auténticamente cristiana…” (Evangelii Nuntiandi, n.41). Los contenidos no evangelizan de modo auténtico sin nuestro testimonio explícito del amor de Dios en la Red. He aquí la primacía del amor o la caridad, tan fundamental para nuestra credibilidad. “Mirad cómo se aman” (Hechos 4, 32-37).

Se trata de un “modo de estar” a lo cristiano, más que de predicar con palabras. En este sentido, las frases y las imágenes que quizás a nosotros nos emocionan, muchas veces pueden parecer cursis a nuestras audiencias. Pensemos que la Red es un lugar abierto donde no controlamos quién nos lee. Pero que si, además, queremos evangelizar debemos adaptar nuestro lenguaje a aquellos a los que queremos llegar. un modo de estar

Estos pueden ser personas que nunca han oído hablar de Dios, personas que ya creen a las que simplemente queremos reforzar o personas bautizadas que se han alejado de la Iglesia por cualquier motivo (muchas veces por anti testimonios de gente de la misma Iglesia). No podemos hablar a todos por igual.

Tercero, algo que ya conocemos: Nuestra fuerza está en la gracia. Si confiamos más en nuestras técnicas y estrategias, no va a funcionar. Porque nosotros solo sembramos, es el Señor quien da el crecimiento. Y para ello lo más importante es la oración. No tiene sentido un misionero sin oración. “Permaneced en mi amor para dar frutos” (cf. Juan 15, 9-11).

Cuarto, buscar dar frutos del Espíritu, no el tener éxito. En la Red es muy fácil caer en la tentación del protagonismo, creer que funcionamos porque tenemos muchos seguidores, somos famosos o aparecemos en muchos círculos. Medir nuestros frutos por el éxito estadístico de nuestra presencia en la Red es la manera más rápida de alejar de nosotros el Espíritu de Dios quien debe ser el único y auténtico protagonista. La confianza cristiana está en la esperanza de que Dios dé crecimiento y frutos en nuestro trabajo muchas veces escondido y no reconocido. En este sentido, nuevamente es la oración quien puede mantenernos en el sano equilibrio.

Quinto, no dejar nunca de formarnos, de aprender. Los cristianos deberíamos ser todos expertos en comunicación. En ello nos jugamos mucho de la evangelización. Abundamos en buena voluntad, pero andamos escasos en estrategias de comunicación y presencia digital. Cierto que es el Espíritu quien debe guiarnos, pero Dios también necesita de nuestras manos y cerebro. Los talentos son para hacerlos producir, no para enterrarlos (cf. Mateo 25, 14-30). Por eso a veces los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz.

Pero nada de todo esto nos valdría si no somos auténticos y coherentes en nuestra vida real y digital. Es la invitación que nos hacía Benedicto XVI en su última carta para las Jornadas Mundiales de la Comunicaciones Sociales. Corremos el riesgo de pretender mostrar al mundo la mejor versión de nosotros mismos en Internet y a veces por esto dejamos de ser creíbles. No existen cristianos perfectos. Tratar de esconder nuestras pobrezas y limitaciones es tratar de dar una falsa imagen de nosotros mismos. Evitemos la bipolaridad en nuestra vida. Vivamos con sencillez la Palabra. “Que vuestro sí sea sí y vuestro no sea no” (Mateo 5, 37). Jesús alaba esta actitud en Natanael: “He aquí un verdadero Israelita en quien no hay doblez” (Juan 1, 47).

@xiskya

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