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Me has mirado a los ojos


Jn 1, 35-40

El encuentro de Jesús con Andrés y su compañero: Juan 1,35-40. Los elementos más importantes de este encuentro se pueden esquematizar así:

• Testimonio acerca de Jesús (1,35-36) • Escucha y respuesta al testimonio (1,37) • Caminar en el seguimiento/búsqueda de Jesús (1,38) • Ir y ver por sí mismo (1,39a) • Permanecer con Jesús (1,39b).

Este esquema se sintetiza al final en dos acciones básicas y dinámicas que van del “escuchar” al “seguir” (1,40). El resultado es el segui- miento y éste se presenta como un “permanecer con Jesús”.

El testimonio acerca de Jesús (1,35-36) En el primer encuentro dos discípulos se cambian de escuela. Andrés y su otro compañero (cfr. 1,40) escuchan el testimonio de Juan Bautista, de quien se dice son “dos de sus discípulos” (1,35), y comienzan a seguir a Jesús (1,37).

El primer impulso para el encuentro lo da la voz del testigo. Juan Bautista cumple esta función, dada desde el prólogo (1,7) y ejercida ya por primera vez, el día anterior, ante las autoridades de Israel (1,19-34). A diferencia del día anterior, Jesús no “viene hacia él” (1,29) sino que “pasa”, “sigue su camino”, “traza una ruta hacia adelante” (cfr. 1,35). Juan Bautista lo nota bien y sabe poner a sus propios discípulos en ese camino. El anuncio “He ahí el Cordero de Dios” resuena por segunda vez (1,29 y 1,36).

El cumplimiento de su misión, implica para Juan la pérdida de sus discí- pulos, por eso está a la altura de su vocación: “Es preciso que él crezca y que yo disminuya” (3,30). De hecho él “no era la Luz sino quien debía dar testimonio de la Luz” (1,8). Juan Bautista es un maestro que sabe reconocer al verdadero maestro, no retiene a los discípulos para sí, sabe desprenderse porque conoce quién es el verdaderamente importante.

Para meditar:

¿Quién me dio el primer testimonio acerca de Cristo?

Escucha y respuesta al testimonio (1,37) El testimonio de Juan Bautista conduce hacia Jesús a dos de sus dis- cípulos: “Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús” (1,37). Observando el comportamiento de los discípulos descrito en los dos verbos “oír” y “seguir”, podemos comprobar cómo en el disci- pulado la escucha es importante pero el seguimiento es decisivo.

La escucha es importante: “lo oyeron hablar así”. Lo que atrae a los discípulos no es nada externo de la persona de Jesús, ni siquiera un cúmulo de conocimientos acerca de él. Lo que atrae es el significado de su persona: la transformación que él puede obrar en la vida a partir del don de su perdón.

El seguimiento es decisivo: “siguieron a Jesús”. No basta saber algo acerca de Jesús, el conocimiento pide dar un paso, un ponerse en movimiento hacia el encuentro con él. Con el testimonio se hace una primera idea de Jesús, con el encuentro se vive la experiencia de la transformación. Para meditar: ¿Cómo fue mi primera respuesta al llamado del Señor? Caminar en el seguimiento/búsqueda de Jesús: ¿Cuáles son los motivos del seguimiento? (1,38)

LA VOCACIÓN, DON DE DIOS

Aquí sucede algo maravilloso. Los discípulos ya están siguiendo a Jesús, pero no han conversado con él. Ahora sucede el encuentro. Jesús toma la iniciativa: se da media vuelta, los “ve” en su actitud de seguirlo y se dirige hacia ellos. Su primera palabra (la primera de todo el Evangelio) no es una afirmación sino una pregunta: “¿Qué buscáis?” (1,38a). La pregunta pone al descubierto el corazón de los discípulos, ellos son: Hombres en búsqueda: ciertamente “buscadores”, pero no siempre es claro de qué. Hombres que no se han quedado paralizados sino que se han puesto en camino: en Jesús parece haber una luz para sus inquietudes.

Jesús no los ha recibido con una larga enseñanza acerca de Dios o de sus propósitos misioneros o sobre los objetivos del seguimiento o so- bre lo que él ve en el corazón de los hombres. Jesús suscita un diálogo, un diálogo profundo que permite exponer los motivos del corazón, allí donde se dan los compromisos.

Es curioso que los discípulos no le respondan qué buscan, a lo mejor todavía no lo pueden expresar con palabras. Una característica de la pedagogía de Jesús en este evangelio es que educa a sus interlocutores para que sepan hablar expresando sus motivos más profundos. Los discípulos le responden con otra pregunta: “Maestro, ¿dónde vives?” (1,38b) Para meditar: ¿Qué quisiéramos preguntarle a Jesús? Ir y ver por sí mismo (1,39a)

La pregunta “¿Dónde vives?”, equivale para un discípulo al “¿Dónde está tu escuela?”. Donde la intención de fondo es pedir la prolonga- ción del diálogo. Lo que los discípulos buscan no se puede explicar a las carreras en medio de la calle. Los discípulos piden tiempo, desean hablar en paz con su nuevo “Maestro”. Jesús acepta. Les dice: “Venid y lo veréis” (1,39). Para meditar: ¿Hemos visto el actuar de Dios en nuestra vida? Permanecer con Jesús (1,39b).

DEMOS EL PRIMER PASO

“Vieron dónde vivía y se quedaron con él (a partir de) aquel día” (1,39a). Así como la escucha del testimonio los condujo al segui- miento de Jesús, ahora los dos discípulos no sólo ven dónde habita el Maestro, sino que “se quedan” con él.

Se trata de un “entrar” en el mundo de Jesús y entablar con él rela- ciones basadas en la confianza mutua; además, el encuentro no queda como un hecho ocasional sino como una experiencia estable, perma- nente; es el inicio de una verdadera amistad. Sus vidas respiran en una nueva atmósfera de relaciones y de vivencias que durará mucho.

La indicación acerca del día del suceso, e incluso del detalle “eran más o menos las cuatro de la tarde” (1,39b), deja entender que el encuen- tro con Jesús marcó su propia historia, fue el día y la hora decisiva de sus vidas. La dinámica del escuchar y seguir-permanecer (1,40)

La conclusión de esta primera escena aparece así: “Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían se- guido a Jesús” (1,40). Esta frase es, al mismo tiempo, la introducción de la escena que sigue. Pero como frase conclusiva, nos da una clave para comprender la dinámica de fondo del encuentro con Jesús, ésta se da en proceso de la Escucha/Respuesta.

Los dos primeros discípulos de Jesús supieron dejarse conducir por aquél que ya sabía quién era Jesús, Juan Bautista, y dieron el primer paso en su itinerario como discípulos de un nuevo Maestro que les abriría definitivamente nuevos horizontes en sus vidas. Pero luego, ya junto con Jesús, volvieron a escuchar la palabra de Jesús y le respon- dieron. En el fondo de esta dinámica del Escuchar y Responder se nota una profundización en los motivos que había en el corazón de los dis- cípulos. La escena nos deja así, un pequeño esquema que permanece como paradigma del encuentro con Jesús.

Para meditar:

¿Cómo han sido mis encuentros con Jesús?

LA VOCACIÓN, DON DE DIOS

El encuentro de Jesús con Simón Pedro. Juan 1,41-42.

Este segundo encuentro está estructurado en cinco pasos: • Búsqueda de otro para compartirle la experiencia (1,41a) • Anuncio del descubrimiento de la identidad mesiánica de Jesús (1,41b) • Conducir el hermano a Jesús (1,42a) • Descubrimiento del ser conocido por Jesús (1,42b) • Transformación de la persona (1,42c)

Búsqueda de otro para compartirle la experiencia (1,41a)

El primer encuentro con Jesús desata una cadena de encuentros: la ex- periencia de la relación personal con Jesús suscita nuevos testimonios y conduce a él a nuevos discípulos. El siguiente es Simón Pedro.

En los encuentros cuentan las relaciones humanas: los discípulos con- ducen a Jesús a sus propios familiares, a sus paisanos, a su círculo de amigos. En el caso de Simón Pedro cuenta la relación familiar: “su hermano Simón” (v.41). Como bien acentúa el relato, Andrés no se encuentra a Simón Pedro por casualidad sino que lo busca.

Para meditar:

¿A quién le hemos compartido nuestra experiencia con el Señor?

Anuncio del descubrimiento de la identidad mesiánica de Jesús (1,41b) Él quiere hacerlo partícipe de su nuevo y maravilloso descubrimiento: “Hemos encontrado al Mesías” (1,41). Testimoniar ahora es transmitir el descubrimiento al hermano. En este pasaje “encontrar a Jesús” es “descubrirlo”: un nuevo horizonte de experiencias y de conocimientos vitales que se abre con él; anunciar a Jesús es una proclamación ecle- sial: no en primera persona sino en el plural comunitario.

DEMOS EL PRIMER PASO

La experiencia vivida en el “permanecer” con Jesús le ha permitido a Andrés y a su compañero comprobar que Jesús es el Cristo, el Mesías enviado por Dios (cfr. 1,34). El encuentro con Jesús es, en última ins- tancia, una experiencia de Dios y de su actuar salvífico y definitivo en los últimos tiempos de la historia.

Para meditar: ¿Reconozco el actuar de Dios en Jesús?

Conducir el hermano a Jesús (1,42a) Andrés no sólo anuncia quién es el Jesús que él ha experimentado, sino que va más allá: lleva a su interlocutor hasta el lugar donde está Jesús: “Y le llevó donde Jesús”. Así como ya lo vimos con Juan Bautista, la función del testigo es “conducir hacia”, es llevar al encuentro directo con Jesús. El testimonio no suple la experiencia, es apenas su soporte.

Para meditar: ¿Cuál ha sido la experiencia más significativa con Jesús?

Descubrimiento del ser conocido por Jesús (1,42b) Una particularidad de este encuentro con Jesús, con relación al ante- rior, es que no se trata únicamente de saber quién es Jesús sino de lo contrario: Jesús conoce a aquel que está delante de él.

Para meditar: ¿Me dejo conocer por el Señor, en la oración?

Transformación de la persona (1,42c) Cómo se llamará en el futuro: “Tú te llamarás Cefas”. Y el evangelista inmediatamente traduce: “que quiere decir ‘Piedra’”. El cambio de nombre no es algo superficial, indica más bien que algo sucede en la identidad del discípulo cuando conoce al Maestro.

El encuentro es un diálogo de conocimiento profundo, de revelación del quiénes somos y del quién es Él para nosotros, que transforma la vida. El discípulo podrá decir: “desde el momento en que te conocí algo comenzó a cambiar en mí”.

El cambio de nombre es también una expresión de amor, muestra cuánto Jesús se interesa por su discípulo asignándole una tarea. La transformación en la vida del discípulo tiene que ver con lo que le sucede interiormente a partir de su experiencia de amistad con Jesús y con la misión que, en su nombre, tendrá que asumir por el resto de sus días.

Para meditar: ¿Cómo es mi vida ahora que me he encontrado con el Señor?

4. Demos el siguiente paso: El Compromiso a partir del texto bíblico Hacer memoria e identificar el primer llamado del Señor e ir identifi- cando, a lo largo de la vida, las veces que el Señor nos ha llamado y le hemos dicho sí a ese llamado. Luego buscar a una persona cercana y contarle cómo fue esta experiencia de encuentro con el Señor.

5. Demos aún este último paso:

La Oración

Oremos con la plegaria del Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

“Padre de misericordia, que has entregado a tu Hijo por nuestra salvación y nos sostienes continuamente con los dones de tu Espíritu, concédenos comunidades cristianas vivas, fervorosas y alegres, que sean fuentes de vida fraterna y que despierten entre los jóvenes el deseo de consagrarse a Ti y a la evangelización.

Sostenlas en el empeño de proponer a los jóvenes una adecuada cate- quesis vocacional y caminos de especial consagración. Dales sabiduría para el necesario discernimiento de las vocaciones de modo que en todo brille la grandeza de tu amor misericordioso.

Que María, Madre y educadora de Jesús, interceda por cada una de las comunidades cristianas, para que, hechas fecundas por el Espíritu Santo, sean fuente de auténticas vocaciones al servicio del pueblo santo de Dios”.

6. Canto : “Pescador de hombres”

Tú has venido a la orilla

no has buscado a sabios, ni a ricos

tan solo quieres que yo te siga.

Señor, me has mirado a las ojos

sonriendo, has dicho mi nombre

en la arena, he dejado mi barca

junto a ti, buscare otro mar.

Me has mirado a los ojos

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