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Riega la tierra en sequía


Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

MPEG4 - 6.4 MB

Después de comer dice Jesús a Simón Pedro:

- Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?

El le contestó:

- Sí, Señor, tú sabes que te quiero.

Jesús le dice:

- Apacienta mis corderos.

(Jn 21)

Es él, Jesús, mi amigo. A quien negué en la hora clave. A quien traicioné por miedo. A quien dejé solo. Le prometí que nunca le fallaría, que daría la vida por él. Pero a la hora de la verdad, no fui capaz. Tuve miedo al castigo, al rechazo, al peligro. Callé y negué. Y ahora él me vuelve a salir al encuentro. Está vivo, de otra manera. Ha vencido a la muerte. Me pregunta si le quiero. No hay reproche. Es como una oportunidad para decírselo, y claro que lo digo.

Tres veces le negué, y tres veces me pregunta. Y aunque cada vez que lo hace es para mí más doloroso, también noto que me voy sanando. ¡Claro que te quiero, Señor! Daría la vida por ti, ahora sí. Entonces Jesús me invita a seguirle, y me dice que cuide de los suyos. Sigue confiando en mí. Él, que conoce mi flaqueza. Él, que podría pensar que no valgo, sin embargo se fía de mí. Y por eso, mi corazón, antes angustiado y preocupado, solo puede dar las gracias.

No tengamos miedo a ser templos de la gracia de Dios, aunque la exigencia de abandonarnos en Él suponga morir a nuestras seguridades y egoísmos. María lo vivió así, y ahora es Reina de toda la Creación.

Riega la tierra en sequía

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