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Semillas para el Adviento


D. Antonio Amundarain, nos ofrece estos pensamientos para nuestra reflexión en tiempo de adviento:

1. El foco eterno que ilumina a todo hombre que viene al mundo es Jesús.

2. El fin de Jesús en su encarnación, en su Evangelio, en su Eucaristía, soy yo. Aparte de la gloria de su Padre, que es su fin principal, Jesús en el mundo no ha tenido otro ideal, otra aspiración, otro fin que yo, mi bien, mi felicidad, mi amor

3. Desde que salió del seno de su eterno Padre, Jesús fue y continúa siéndolo el grande y único reparador de los pecados del mundo.

4. Tomando nuestra pobre y necesitada naturaleza, hecho hermano nuestro, viniste a compartir con nosotros las penalidades, tristezas y desconsuelos de esta vida mortal, y, siendo por esencia el Dios de los consuelos y de las alegrías infinitas cargaste con el peso de nuestras tristezas y pesares y nos hiciste participantes de tus consuelos y divinas alegrías.

5. El Verbo vino al mundo y se hizo Hijo del hombre para hacer a los hombres hijos de Dios por la gracia.

6. Dios ha bajado a nosotros y a nosotros nos ha elevado hasta Él. Vivamos allí donde hemos sido elevados y en donde tenemos nuestra morada. ¿Hemos sido endiosados? Pues vivamos en Dios

7. El Verbo de Dios se ha abrazado con los hombres en la unión más íntima que puede darse. Jesús es el Dios que ha juntado en perpetuo e indisoluble abrazo de amor -imma summis- lo más alto con lo más bajo, y en este abrazo me ha abarcado a mí.

8. Jesús, las miserias del mundo te han hecho a Ti misericordioso. Tú has amado a quien nunca pensó en amarte.

9. Desde que el Padre eterno nos hizo donación generosa de su propio Hijo -pues tanto amó al mundo que nos lo dio-, el Hijo se ha hecho todo nuestro, todo de todos y todo de cada uno individual y muy singularmente, por voluntad de su Padre, que es la suya, y por el gran impulso del amor que nos tiene.

10. En el seno, en el corazón, en los brazos de una virgen, el Hijo de Dios se ha abrazado con la humanidad y después con cada uno de nosotros.

11. Jesús vino al mundo a comunicar la vida divina a las almas por medio de su gracia y de su amor, metiendo fuego en ellas. Para conseguirlo, escogió dos medios poderosos de unión: la Encarnación y la Eucaristía. Ahí se dan el abrazo Dios y el hombre, y ahí está la fuente de la caridad, de la gracia. Desde el seno de su Madre, Jesús no tiene otra aspiración que darse y unirse al hombre, convertido Él en fuente de gracia y de amor.

12. Jesús viene al mundo como manso y humilde cordero, para darse a los hombres en redención y en comida.

13. Debió de coincidir con el «fiat» de María en la tierra el «fiat» del Verbo en el cielo, por el cual, entregándose a la voluntad del Eterno Padre, venía a encerrarse en el seno purísimo de una Virgen.

14. Antes de hablar nada, Cristo quiso mostrarse como el modelo acabado que es de toda perfección, y para ese fin se anonadó, para ponerse al alcance de todo el mundo y para que hasta los más humildes de condición y talento pudiesen copiar su imagen.

15. Jesús vino al mundo y nos redimió con su sangre, copiosa y generosamente derramada. Desde entonces podemos llamar a Dios Abba, Padre nuestro. Ahora Dios se ha hecho nuestro hermano, y, enseña al mundo su corazón tierno y compasivo.

16. El Hijo de Dios vino al mundo a incorporarnos consigo y a hacernos vivir de Él como Él vive de su Padre, a fin de que la vida se manifieste cada día más plenamente en nosotros por la gracia, creciendo y progresando en ella.

A. Amundarain

Seleccionó Manoli Rojo (AJM)

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