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Síntesis biográfica de D. Antonio Amundarain


Antonio Amundarain Garmendia (1885-1954)

¿Quién es Antonio Amundarain que tiene tal poder de convocatoria? Un gran cristiano que llevó a sus últimas consecuencias las exigencias del bautismo, y que por eso le vemos hoy candidato a Santo con el visto bueno de la Congregación para las Causas de los Santos.

Es difícil resumir la rica y recia personalidad de este hombre, humilde sacerdote, a quien los fieles de las parroquias por las que pasó como coadjutor o Párroco, y las religiosas que atendió como capellán, llamaban “don Antonio”, y sus hijas, los miembros del Instituto Secular “Alianza en Jesús por María”, llamamos sencillamente “el Padre”.

HOMBRE DE FE COMPROMETIDA

A pocos kilómetros de Tolosa, en el pueblecito de Elduaiem (Guipúzcoa) en un caserío: el de Sales, bien alejado del pueblo, nació el niño Antonio el 26 de abril de 1885. En la pila Bautismal de la Parroquia de Santa Catalina, fue llamado por Dios “hijo mío”.Allí recibió el don de la fe, y cerca de su sagrario fue creciendo y madurando en la misma, hasta grados heroicos.

Dios le regaló una singular educadora, en la persona de su madre, Teresa Antonia Garmendia, sencilla mujer, de quien su hijo pudo escribir: “la fe era su vida, ser y ser cristiana era lo mismo para ella”. El niño Antonio creció en la fe conducido por la fe de su madre. Desde los ocho años ayudaba como monaguillo, a pesar de las distancias, de los barros y los soles. El Caserío de Sales donde vivía la familia está bien retirado de la Parroquia. Allí maduró especialmente su vocación sacerdotal.

Sus estudios comienzan en la preceptoría de Baliarrain, pasando después como alumno externo al Seminario de Vitoria y obtiene sus mejores éxitos en los estudios, ya como alumno interno, en Teología, al final de su carrera. El sabía que Jesús le miraba y amaba y le llamaba para que le siguiera.

D. Antonio fue siempre hombre de fe, lo dicen sus muchos escritos que escribe para los miembros de la Alianza y para los sacerdotes sus colaboradores. Escribe como piensa y siente, con sencillez y libre de todo artificio.

SACERDOTE, SIEMPRE SACERDOTE

Se ordenó sacerdote el 18 de diciembre de 1909 y celebró su primera misa el 21 de diciembre en el Santuario de Aranzazu, a los pies de la “Virgen del Espino”.

Aparentemente los caminos de D. Antonio son los corrientes. Primero ecónomo de Baroja (Álava), enseguida Capellán del Asilo Hospital de las Mercedarias de Zumárraga; luego coadjutor en esta misma población. Un salto a la capital como coadjutor de la Parroquia de Santa María (San Sebastián), y luego en San Ignacio. Vuelta a Zumárraga como párroco, teniendo que renunciar en 1932 por causa de su salud quebrantada, porque la tónica de su vida fue de celo incontenible de trabajo hasta no poder más; predicación, catequesis, confesionario (6 horas diarias). Ejercicios Espirituales a jóvenes, ellos y ellas, atención a las Religiosa de Zumárraga como Capellán, atención esmerada a quienes padecen enfermedad…

A pesar de la sencillez con la que se desenvuelve su ministerio deja en todas partes la huella de su sacerdocio ejemplar. El secreto está en su cercanía a Jesús, en su fe, en su amor apasionado a Cristo.

SACERDOTE Y FUNDADOR

Desde el principio de su sacerdocio siente una inquietud concreta, una predilección, como él llama a su inspiración de Fundador, que comenzó como un deseo de encaminar a las personas “no sólo a la salvación, sino a las alturas de la santidad”.

Mucho antes de que el Concilio Vaticano II hablase de la vocación universal a la santidad, D. Antonio trabajóy orientó por esos caminos a quienes se ponían a su alcance. Y su labor en la catequesis, con las catequistas, en el confesionario, empuja, exige. Y va a traducirse – jamás el lo hubiera soñado en su humildad – en un Instituto Secular que vive calladamente una veintena de años, antes de que la “Provida Mater Ecclesia” dé carta de naturaleza a esta forma de vida.

D. Antonio sigue sencillamente la exigencia de Dios. Tenemos unas notas suyas, como testimonio de primera mano:

“Datos que se me piden: Creo que el primer pensamiento y pensamiento central y fundamento de los demás, fue este: Con extrañeza ¿por qué no se intentaba la Santidad Virginal, en medio del mundo? Este pensamiento data del año 23 aproximadamente, cuando yo había perdido ya la cuenta de las muchas almas que había dirigido al claustro. Tal vez esa abundancia de vocaciones o direcciones hacia la santidad religiosa claustral, motivó el susodicho pensamiento, extrañándome muchísimo que en tantos siglos de vida cristiana y entre tantos y tan cualificados hombres, nadie haya pensado esto que a mí incesantemente me atormenta”

“ Y … decidí intentarlo, no sin creer ser una temeridad hacer yo lo que en tantos siglos no habían hecho otros más aventajados”…“El camino había de ser necesariamente una gran pureza virginal…”

Así de sencillo, como el pequeño grano de mostaza escondido en la tierra, así se esconde en el corazón sacerdotal de D. Antonio, un anhelo, que va madurando y que se hace visible la víspera del 2 de febrero de 1925. A los pies de la Virgen del Coro en su Camarín, revela su secreto a una veintena de jóvenes, que ya venía viviendo esta vida orientadas por D. Antonio.

Y nace en la Iglesia una Obra que se va a llamar “Alianza en Jesús por María” con la señal clara de las obras de Dios, oscura y humilde. Dios bendice y alienta, por medio de los Obispos, y el Fundador sigue adelante con su firme e inquebrantable fe, entre oscuridades y pruebas.

Cuando el dos de febrero de 1947 el entonces papa Pío XII firma la Constitución “Provida Mater Ecclesia”. D. Antonio salta de alegría, como también lo hará más tarde cuando el 2 de febrero de 1950 la Alianza en Jesús por María fue admitida por la Santa Sede entre los Institutos Seculares.

Poco le falta que hacer. Su vida sacerdotal gastada al máximo. Su obra está en manos de la Iglesia. En la Semana Santa de 1954, cuando su vida sacerdotal se consuma en una “misa” vivida con extraordinario fervor. “Jueves Santo”, el gesto de su mano hacia arriba, y su cara de júbilo, estremecen a quienes escuchan su voz que apenas se oye.

Después, el lunes de Pascual, acabando de comulgar, en una acción de gracias prolongada dulcemente, se duerme para siempre a esta vida para resucitar en el abrazo eterno de Jesús para quien siempre vivió.

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