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Unidad


UNIDAD

Quien tiene la unidad, lo tiene todo. (María Zambrano, 1904-1991)

Más o menos conscientemente buscamos la unidad, la integración de nuestras capacidades, actitudes y deseos; la unidad de nosotros mismos. Porque con frecuencia andamos dispersos entre el hacer, el tener, el placer y el poder, y como Pablo de Tarso podemos afirmar “Hago el mal que no quiero y no hago el bien que quiero” (Rom 8,19). Esto es causa de muchas de nuestras desazones. Siempre podemos aprender y convertirnos. Como bien sabemos, la conversión es un proceso. No nos convertimos de una vez, sino que vamos de conversión en conversión. A veces, la tarea nos resulta ardua, y viene el desánimo, la pereza, la rutina. Es el momento de pedir el don de Dios, los dones del Espíritu, de confiar en el Padre y mirar a Jesús de Nazaret acogiéndonos como en la parábola de las huellas en la arena. Señor: ¡Conviérteme y me convertiré!

Aprendemos cada día a vivir la diversidad sin perder la unidad de nosotras mismas y con los demás.

Diversidad en nuestra propia complejidad, acogiéndonos, comprendiéndonos, como Dios nos comprende, asumiendo nuestras limitaciones, carencias, nuestro ser de criaturas. No somos dioses. Tratémonos como a un miembro herido del Cuerpo místico de Cristo. Esto nos ayudará a comprender y tratar a los demás.

Ver la realidad: seamos y vivamos como Pueblo profético: Herbert Marshall McLuhan fue el primer autor en hablar del mundo como una “aldea global” y de la humanidad como una “tribu” en la “aldea global”. Es un fenómeno socio-económico-político-cultural contemporáneo que tiene múltiples lecturas. Emerge un mundo sin fronteras que toma la forma de “aldea global”.El mundo es un pueblo, una aldea. mi aldea, mía, tuya y de todos a la vez; una empresa, una feria, un casino, un circo. Un espacio único. Es un proceso histórico multidimensional. Una de tantas muestras son los viajes interplanetarios.

El mundo actual aparece cada día más unificado, más participativo, p. ej. en el ámbito de la cultura, hoy hay más universitarios que nunca; en el de los bienes materiales, la sociedad del bienestar en Europa y países desarrollados, tiende a una conveniente socialización y asociación civil y económica (GS nº 42) a formar una comunidad universal (nº 9). El documento conciliar reconoce de inmediato que “la promoción de la unidad responde a la íntima misión de la Iglesia”, que es como un “sacramento o signo” de unidad (nº 42).La comunidad que abarca razas naciones, continentes y culturas, hombres de todo tipo. (Peter Sewaald, Benedicto XVI: Luz del mundo, p.18).

La unidad es un proceso

La Constitución Gaudium et Spes del 7-XII-1965 es la primera vez que un documento conciliar se dirige no sólo a los hijos de la Iglesia y cuantos invocan el nombre de Cristo, sino a todos los hombres (GS 2). Tomar como destinatarios a los cristianos no católicos habría sido un paso inesperadamente nuevo, pero ir más allá de las fronteras del cristianismo significaba un giro ecuménico nuevo y transformante.

La unidad es un signo de los tiempos favorable a la realización del mensaje evangélico del amor entre los hombres, y coincide con la vocación del hombre a formar el pueblo de Dios. Dios salva integrando al hombre en una comunidad, ligándolo vertical y horizontalmente por los vínculos de la Alianza. Estas palabras en ambiente de Asamblea General tienen un eco nuevo, fascinante…

El sentido profundo de esta dimensión social y comunitaria del plan salvífico radica en que Dios pone al hombre en la necesidad urgente de amar al prójimo. ¿Recordáis la Parábola de los erizos? Por eso el mandamiento nuevo se resume en Jn 13,34 “Que os améis unos a otros como yo os he amado“. (15,12-17), vosotros sois mis amigos… Tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos no os llamo siervos os llamo amigos porque todo lo que he oído a mi Padre. os lo he dado a conocer. No me habéis elegido a mí, yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis mucho fruto (fecundidad) y que vuestro fruto permanezca, de modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda.

”Este es el mensaje que habéis oído desde el principio que nos amemos unos a otros”. (1 Jn 3,11)

Queridos: amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. (1Jn 4,7) La constitución Gaudium et Spes en su n.4.enumera en forma de antítesis los principales cambios, con su contrapartida: La conciencia de la interdependencia de todos, de la solidaridad universal, y por otra parte rupturas sociales, raciales, políticas, ideológicas y la amenaza de una guerra total.

Es la dimensión Fraterna-Diaconal-Misionera de la virginidad.

Dice Teihard de Chardin (1881-1955) en Medio divino: Espiritualmente es impuro el ser que replegándose en el egoísmo, introduce en sí o en torno a sí, un principio de retraso y división en la unificación del universo en Dios. Por el contrario, es puro quien de acuerdo con su lugar en el Mundo, hace que sobre su provecho inmediato o momentáneo domine la preocupación del Cristo que ha de consumarse en toda cosa.

Es cada vez más puro quien, atraído por Dios, llega a dar a este ímpetu, a esta travesía, una continuidad, una intensidad, una realidad cada vez mayores, sea que por vocación haya de moverse siempre (aún cuando más espiritualmente cada vez) en las mismas zonas materiales del Mundo, sea que mas generalmente acceda a regiones en las que lo Divino sustituye poco a poco para él a los demás alimentos terrestres.

La Dimensión antropologico-teológica de la virginidad es el vínculo profundo y misterioso que une directamente a todo ser humano con Aquel que lo ha creado haciéndole buscar y encontrar sólo en Él la plena satisfacción de su necesidad de amor, es la atracción, el anhelo.

La primera y última esponsalidad es con Dios, y ésta es la virginidad. “La condición virginal pertenece al orden de lo creatural; es una condición inherente a la naturaza humana (Carmen Álvarez Alonso. El Espírirtu Santo y la virginidad Scire Madrid , 2003

La virginidad en el ser humano es relación con Dios Trinidad, y por ello, con el cuerpo místico de Cristo. Es IMÁN, DINAMISMO que hace levantarse, crecer, madura, humanamente. Dios se apoderó místicamente del ser de Jesús, lo FASCINÓ, lo SEDUJO, y en ese amor sin medida, entregó su vida de cada día por nosotros.

Acudamos a la contemplación admirativa y comprometida de María, virgen consagrada secular por la Trinidad, unida como nadie a Ella en Jesús, llenas de confianza a lo largo de todo nuestro itinerario espiritual de unidad.

Como Ellos, nosotras por el amor virginal vayamos a unidad desde la diversidad enriquecedora.

La virginidad y el amor virginal atraen de un modo especial las miradas, las ternuras, las misericordias, los amores de Dios. (Antonio Amundarain 1JE47,77)

A. Torio (AJM)

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