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V Centenario Santa Teresa de Jesús


FUNDACION V CENTENARIO

MUERTE DE SANTA TERESA DE SOR ISABEL GUERRA

Webquest orientada al alumnado de religión de 4º ESO de cara a la conmemoración del V centenario del nacimiento de Santa Teresa ******************************

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PINCELADAS V CENTENARIO OCTUBRE 2014

PINCELADAS V CENTENARIO NOVIEMBRE 2014

PINCELADAS V CENTENARIO DICIEMBRE 2014

PINCELADAS V CENTENARIO ENERO 2015

PINCELADAS V CENTENARIO FEBRERO 2015

PINCELADAS V CENTENARIO MARZO 2015

PINCELADAS V CENTENARIO ABRIL 2015

PINCELADAS V CENTENARIO MAYO 2015

PINCELADAS V CENTENARIO JUNIO 2015

PINCELADAS V CENTENARIO JULIO 2015

PINCELADAS V CENTENARIO AGOSTO 2015

PINCELADAS V CENTENARIO SEPTIEMBRE 2015

PINCELADAS V CENTENARIO OCTUBRE 2015

Así predicó San Juan Pablo II en la Homilía del 15 de octubre de 1982 en Ávila y así oró ante el sepulcro de la Santa en la misma fecha en Alba de Tormes

Homilía de la Misa en el IV Centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús

Venerables hermanos en el Episcopado, queridos hermanos y hermanas:

1. «Oré y me fue dada la prudencia. Invoqué al Señor y vino sobre mí el espíritu de la sabiduría... La amé más que la salud y la hermosura... Todos los bienes me vinieron juntamente con ella, y en sus manos me trajo una riqueza incalculable. Yo me gocé en todos estos bienes, porque es la sabiduría quien los trae».

He venido hoy a Ávila para adorar la Sabiduría de Dios. Al final de este IV centenario de la muerte de Santa Teresa de Jesús, que fue hija singularmente amada de la Sabiduría divina. Quiero adorar la Sabiduría de Dios, junto con el Pastor de esta diócesis, con todos los obispos de España, con las autoridades abulenses y de Alba de Tormes presididas por Sus Majestades y miembros del Gobierno, con tantos hijos e hijas de la Santa y con todo el Pueblo de Dios aquí congregado, en esta festividad de Todos los Santos.

Teresa de Jesús es arroyo que lleva a la fuente, es resplandor que conduce a la luz. Y su luz es Cristo, el «Maestro de la Sabiduría», el «Libro vivo» en que aprendió las verdades; es esa «luz del cielo», el Espíritu de la Sabiduría, que ella invocaba para que hablase en su nombre y guiase su pluma. Vamos a unir nuestra voz a su canto eterno de las misericordias divinas, para dar gracias a ese Dios que es «la misma Sabiduría». Maestros de mi vida interior…

2. Y me alegra poder hacerlo en esta Ávila de Santa Teresa que la vio nacer y que conserva los recuerdos más entrañables de esta virgen de Castilla. Una ciudad célebre por sus murallas y torres, por sus iglesias y monasterios. Que con su complejo arquitectónico evoca plásticamente ese castillo interior y luminoso que es el alma del justo, en cuyo centro Dios tiene su morada. Una imagen de la ciudad de Dios con sus puertas y murallas, alumbrada por la luz del Cordero.

Todo en esta ciudad conserva el recuerdo de su hija predilecta, La Santa, lugar de su nacimiento y casa solariega; la parroquia donde fue bautizada; la catedral, con la imagen de la Virgen de la Caridad que aceptó su temprana consagración; la Encarnación, que acogió su vocación religiosa y donde llegó al culmen de su experiencia mística; San José, primer palomarcito teresiano, de donde salió Teresa, como «andariega de Dios», a fundar por toda España. Aquí también yo deseo estrechar todavía más mis vínculos de devoción hacia los Santos del Carmelo nacidos en estas tierras, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. En ellos no sólo admiro y venero a los maestros espirituales de mi vida interior, sino también a dos faros luminosos de la Iglesia en España, que han alumbrado con su doctrina espiritual los senderos de mi patria, Polonia, desde que al principio del siglo XVII llegaron a Cracovia los primeros hijos del Carmelo teresiano.

La circunstancia providencial de la clausura del IV centenario de la muerte de Santa Teresa me ha permitido realizar este viaje que deseaba desde hace tanto tiempo.

«Santa Teresa de Jesús está viva»

3. Quiero repetir en esta ocasión las palabras que escribí al principio de este ano centenario: «Santa Teresa de Jesús está viva, su voz resuena todavía hoy en la Iglesia». Las celebraciones del año jubilar, aquí en España y en el mundo entero, han ratificado mis previsiones.

Teresa de Jesús, primera Doctora de la Iglesia universal, se ha hecho palabra viva acerca de Dios, ha invitado a la amistad con Cristo, ha abierto nuevas sendas de fidelidad y servicio a la Santa Madre Iglesia. Sé que ha llegado al corazón de los obispos y sacerdotes, para renovar en ellos deseos de sabiduría y de santidad, para ser «luz de su Iglesia». Ha exhortado a los religiosos y religiosas a «seguir los consejos evangélicos con toda la perfección» para ser «siervos del amor».

Ha iluminado la experiencia de los seglares cristianos con su doctrina acerca de la oración y de la caridad, camino universal de santidad; porque la oración, como la vida cristiana, no consiste «en pensar mucho, sino en amar mucho» y «todos son hábiles de su natural para amar».

Su voz ha resonado más allá de la Iglesia católica, suscitando simpatías a nivel ecuménico, y trazando puentes de diálogo con los tesoros de espiritualidad de otras culturas religiosas. Me alegra sobre todo saber que la palabra de Santa Teresa ha sido acogida con entusiasmo por los jóvenes. Ellos se han apoderado de esa sugestiva consigna teresiana que yo quiero ofrecer como mensaje a la juventud de España: «En este tiempo son menester amigos fuertes de Dios».

Por todo ello quiero expresar mi gratitud al Episcopado Español, que ha promovido este acontecimiento eclesial de renovación. Agradezco también el esfuerzo de la junta nacional del centenario y el de las delegaciones diocesanas. A todos los que han colaborado en la realización de los objetivos del centenario, la gratitud del Papa, que es el agradecimiento en nombre de la Iglesia.

Permanecer fieles a la Providencia

4. Las palabras del Salmo responsorial traen a la memoria la gran empresa fundacional de Santa Teresa: «Bienaventurados los que moran en tu casa y continuamente te alaban... Porque más que mil vale un día en tus atrios... Y da Yahvé la gracia y la gloria y no niega los bienes... Bienaventurado el hombre que en ti confía».

Aquí en Ávila se cumplió, con la fundación del monasterio de San José, al que siguieron las otras 16 fundaciones suyas, un designio de Dios para la vida de la Iglesia. Teresa de Jesús fue el instrumento providencial, la depositaria de un nuevo carisma de vida contemplativa que tantos frutos tenía que dar.

Cada monasterio de carmelitas descalzas tiene que ser «rinconcito de Dios», «morada» de su gloria y «paraíso de su deleite». Ha de ser un oasis de vida contemplativa, «un palomarcito de la Virgen Nuestra Señora». Donde se viva en plenitud el misterio de la Iglesia que es Esposa de Cristo; con ese tono de austeridad y de alegría característico de la herencia teresiana. Y donde el servicio apostólico en favor del Cuerpo místico, según los deseos y consignas de la Madre Fundadora, pueda siempre expresarse en una experiencia de inmolación y de unidad: «Todas juntas se ofrecen en sacrificio por Dios». En fidelidad a las exigencias de la vida contemplativa que he recordado recientemente en mi Carta a las carmelitas descalzas, serán siempre el honor de la Esposa de Cristo; en la Iglesia universal y en las Iglesias particulares donde están presentes como santuarios de oración. Y lo mismo vale para los hijos de Santa Teresa, los carmelitas descalzos, herederos de su espíritu contemplativo y apostólico, depositarios de las ansias misioneras de la Madre Fundadora. Que las celebraciones del centenario infundan también en vosotros propósitos de fidelidad en el camino de la oración y de fecundo apostolado en la Iglesia. Para mantener siempre vivo el mensaje de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz.

La confianza de un hijo

5. Las palabras de San Pablo que hemos escuchado en la segunda lectura de esta Eucaristía, nos llevan hasta ese profundo hontanar de la oración cristiana, de donde brota la experiencia de Dios y el mensaje eclesial de Santa Teresa. Hemos recibido «el espíritu de adopción, por el que clamamos ¡Abbá! (Padre)... Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, coherederos de Cristo, supuesto que padezcamos con El para ser con El glorificados».

La doctrina de Teresa de Jesús está en perfecta sintonía con esa teología de la oración que presenta San Pablo, el Apóstol con el que ella se identificaba tan profundamente. Siguiendo al Maestro de la oración, en plena consonancia con los Padres de la Iglesia, ha querido enseñar los secretos de la plegaria comentando la oración del Padre nuestro.

En la primera palabra, ¡Padre!, la Santa descubre la plenitud que nos confía Jesucristo, maestro y modelo de la oración. En la oración filial del cristiano se encuentra la posibilidad de entablar un diálogo con la Trinidad que mora en el alma de quien vive en gracia, como tantas veces experimentó la Santa: «Entre tal Hijo y tal Padre -escribe-, forzado ha de estar el Espíritu Santo que enamore vuestra voluntad y os la ate tan grandísimo amor...». Esta es la dignidad filial de los cristianos: poder invocar a Dios como Padre, dejarse guiar por el Espíritu, para ser en plenitud hijos de Dios.

Defensora de la verdadera dignidad de la mujer

6. Por medio de la oración, Teresa ha buscado y encontrado a Cristo. Lo ha buscado en las palabras del Evangelio que va desde su juventud «hacían fuerza en su corazón»; lo ha encontrado «trayéndolo presente dentro de sí»; ha aprendido a mirarlo con amor en las imágenes del Señor de las que era tan devota; con esta Biblia de los pobres -las imágenes- y esta Biblia del corazón -la meditación de la palabra- ha podido revivir interiormente las escenas del Evangelio y acercarse al Señor con inmensa confianza. ¡Cuántas veces ha meditado Santa Teresa aquellas escenas del Evangelio que narran las palabras de Jesús a algunas mujeres! ¡Qué gozosa libertad interior le ha procurado, en tiempos de acentuado antifeminismo, esta actitud condescendiente del Maestro con la Magdalena, con Marta y María de Betania, con la Cananea y la Samaritana, esas figuras femeninas que tantas veces recuerda la Santa en sus escritos! No cabe duda que Teresa ha podido defender la dignidad de la mujer y sus posibilidades de un servicio apropiado en la Iglesia desde esta perspectiva evangélica: «No aborrecisteis, Señor de mi alma, cuando andabais por el mundo, las mujeres, antes las favorecisteis siempre con mucha piedad...».

La escena de Jesús con la Samaritana junto al pozo de Sicar que hemos recordado en el Evangelio, es significativa. El Señor promete a la Samaritana el agua viva: «Quien bebe de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le diere, no tendrá jamás sed, que el agua que yo le dé se hará en él una fuente que salte hasta la vida eterna».

Entre las mujeres santas de la historia de la Iglesia, Teresa de Jesús es sin duda la que ha respondido a Cristo con el mayor fervor del corazón: ¡Dame de esta agua! Ella misma nos lo confirma cuando recuerda sus primeros encuentros con el Cristo del Evangelio: « ¡Oh, qué de veces me acuerdo del agua viva que dijo el Señor a la Samaritana!, y así soy muy aficionada a aquel Evangelio». Teresa de Jesús, como una nueva Samaritana, invita ahora a todos a acercarse a Cristo, que es manantial de aguas vivas. Cristo Jesús, el Redentor del hombre, fue el modelo de Teresa. En Él encontró la Santa la majestad de su divinidad y la condescendencia de su humanidad: «Es gran cosa mientras vivimos y somos humanos, traerle humano»; «veía que aunque era Dios, que era Hombre, que no se espanta de las flaquezas de los hombres». ¡Qué horizontes de familiaridad con Dios nos descubre Teresa en la humanidad de Cristo! ¡Con qué precisión afirma la fe de la Iglesia en Cristo que es verdadero Dios y verdadero hombre! ¡Cómo lo experimenta cercano, «compañero nuestro en el Santísimo Sacramento»! Desde el misterio de la Humanidad sacratísima que es puerta, camino y luz, ha llegado hasta el misterio de la Santísima Trinidad, fuente y meta de la vida del hombre, «espejo adonde nuestra imagen está esculpida». Y desde la altura del misterio de Dios ha comprendido el valor del hombre, su dignidad, su vocación de infinito.

El secreto: tener «trato de amistad» con Jesús

7. Acercarse al misterio de Dios, a Jesús, «traer a Jesucristo presente» constituye toda su oración.

Esta consiste en un encuentro personal con aquel que es el único camino para conducirnos al Padre. Teresa reaccionó contra los libros que proponían la contemplación como un vago engolfarse en la divinidad o como un «no pensar nada» viendo en ello un peligro de replegarse sobre uno mismo, de apartarse de Jesús del cual nos «vienen todos los bienes». De aquí su grito: «Apartarse de Cristo... no lo puedo sufrir». Este grito vale también en nuestros días contra algunas técnicas de oración que no se inspiran en el Evangelio y que prácticamente tienden a prescindir de Cristo, en favor de un vacío mental que dentro del cristianismo no tiene sentido. Toda técnica de oración es válida en cuanto se inspira en Cristo y conduce a Cristo, el camino, la verdad y la vida.

Bien es verdad que el Cristo de la oración teresiana va más allá de toda imaginación corpórea y de toda representación figurativa; es Cristo resucitado, vivo y presente, que sobrepasa los límites de espacio y lugar, siendo a la vez Dios y hombre. Pero a la vez es Jesucristo, Hijo de la Virgen que nos acompaña y nos ayuda.

Cristo cruza el camino de la oración teresiana de extremo a extremo, desde los primeros pasos hasta la cima de la comunión perfecta con Dios. Cristo es la puerta por la que el alma accede al estado místico. Cristo la introduce en el misterio trinitario. Su presencia en el desenvolvimiento de este «trato amistoso» que es la oración es obligado y necesario: Él lo actúa y genera. Y Él es también objeto del mismo. Es el «libro vivo», Palabra del Padre. El hombre aprende a quedarse en profundo silencio, cuando Cristo le enseña interiormente «sin ruido de palabras»; se vacía dentro de sí «mirando al Crucificado». La contemplación teresiana no es búsqueda de escondidas virtualidades subjetivas por medio de técnicas depuradas de purificación interior, sino abrirse en humildad a Cristo y a su Cuerpo místico, que es la Iglesia.

Amor de Dios y amor del prójimo

8. En mi ministerio pastoral he afirmado con insistencia los valores religiosos del hombre, con quien Cristo mismo se ha identificado; ese hombre que es el camino de la Iglesia, y por lo tanto determina su solicitud y su amor, para que todo hombre alcance la plenitud de su vocación.

Santa Teresa de Jesús tiene una enseñanza muy explícita sobre el inmenso valor del hombre: « ¡Oh Jesús mío! -exclama en una hermosa oración-, cuán grande es el amor que tenéis a los hijos de los hombres, que el mejor servicio que se os puede hacer es dejaros a Vos por su amor y ganancia y entonces sois poseído más enteramente... Quien no amare al prójimo, no os ama, Señor mío; pues con tanta sangre vemos mostrado el amor tan grande que tenéis a los hijos de Adán». Amor de Dios y amor del prójimo, unidos indisolublemente; son la raíz sobrenatural de la caridad, que es el amor de Dios, y con la manifestación concreta del amor del prójimo, esa «más cierta señal» de que amamos a Dios.

Fervor por la Iglesia

9. El eje de la vida de Teresa como proyección de su amor por Cristo y su deseo de la salvación de los hombres fue la Iglesia. Teresa de Jesús «sintió la Iglesia», vivió «la pasión por la Iglesia» como miembro del Cuerpo místico. Los tristes acontecimientos de la Iglesia de su tiempo, fueron como heridas progresivas que suscitaron oleadas de fidelidad y de servicio. Sintió profundamente la división de los cristianos como un desgarro de su propio corazón. Respondió eficazmente con un movimiento de renovación para mantener resplandeciente el rostro de la Iglesia santa. Se fueron ensanchando los horizontes de su amor y de su oración a medida que tomaba conciencia de la expansión misionera de la Iglesia católica; con la mirada y el corazón fijos en Roma, el centro de la catolicidad, con un afecto filial hacia «el Padre Santo», como ella llama al Papa, que le llevó incluso a mantener una correspondencia epistolar con mi predecesor el Papa Pío V. Nos emociona leer esa confesión de fe con la que rubrica el libro de las Moradas: «En todo me sujeto a lo que tiene la Santa Iglesia Católica Romana, que en esto vivo y protesto y prometo vivir y morir».

En Ávila se encendió aquella hoguera de amor eclesial que iluminaba y enfervorizaba a teólogos y misioneros. Aquí empezó aquel servicio original de Teresa en la Iglesia de su tiempo; en un momento tenso de reformas y contrarreformas optó por el camino radical del seguimiento de Cristo, por la edificación de la Iglesia con piedras vivas de santidad; levantó la bandera de los ideales cristianos para animar a los capitanes de la Iglesia. Y en Alba de Tormes, al final de una intensa jornada de caminos fundacionales, Teresa de Jesús, la cristiana verdadera y la esposa que deseaba ver pronto al Esposo, exclama: «Gracias... Dios mío..., porque me hiciste hija de tu Santa Iglesia católica». O como recuerda otro testigo: «Bendito sea Dios..., que soy hija de la Iglesia».

¡Soy hija de la Iglesia! He aquí el título de honor y de compromiso que la Santa nos ha legado para amar a la Iglesia, para servirla con generosidad.

Andar hacia Cristo, con Teresa

10. Queridos hermanos y hermanas: Hemos recordado la figura luminosa y siempre actual de Teresa de Jesús, la hija singularmente amada de la divina Sabiduría, la andariega de Dios, la Reformadora del Carmelo, gloria de España y luz de la Santa Iglesia, honor de las mujeres cristianas, presencia distinguida en la cultura universal.

Ella quiere seguir caminando con la Iglesia hasta el final de los tiempos. Ella que en el lecho de muerte decía: «Es hora de caminar». Su figura animosa de mujer en camino, nos sugiere la imagen de la Iglesia, Esposa de Cristo, que camina en el tiempo ya en el alba del tercer milenio de su historia. Teresa de Jesús que supo de las dificultades de los caminos, nos invita a caminar llevando a Dios en el corazón. Para orientar nuestra ruta y fortalecer nuestra esperanza nos lanza esa consigna, que fue el secreto de su vida y de su misión: «Pongamos los ojos en Cristo nuestro bien», para abrirle de par en par las puertas del corazón de todos los hombres. Y así el Cristo luminoso de Teresa de Jesús será, en su Iglesia, «Redentor del hombre, centro del cosmos y de la historia».

¡Los ojos en Cristo! Para que en el camino de la Iglesia, como en los caminos de Teresa que partieron de esta ciudad de Ávila, Cristo sea «camino, verdad y vida». Así sea.

Alfa y Omega

Oración de Juan Pablo II ante el sepulcro de la Santa.

Mis queridos hermanos y hermanas, hijos e hijas de Santa Teresa:

1. Nos hallamos congregados junto al sepulcro que guarda, como precioso tesoro, las insignes reliquias del cuerpo de Santa Teresa de Jesús.

Al clausurar solemnemente este IV centenario, abierto hace un año por el cardenal Enviado especial mío, quiero que mis palabras sean una evocación y una plegaria dirigida a Teresa de Jesús, presente entre nosotros en la comunión de los santos.

«Una muerte de amor»

2. Ante todo, la evocación de aquella muerte gloriosa. ¡Teresa de Jesús! Quiero recordar las palabras de los últimos instantes de tu vida:

La humilde confesión de tus faltas: «Cor contritum et humiliatum, Deus, non despicies» (Un corazón contrito y humillado, Dios no los desprecia), (Ps. 50, 19).

La exhortación a tus hijas a mantener intacta tu herencia espiritual, la fidelidad al carisma.

El deseo de ver a Dios: «Señor mío, tiempo es ya que nos juntemos; ya es tiempo de caminar».

La gozosa profesión de fe: «En fin, Señor, soy hija de la Iglesia». Entregaste tu vida al Señor, envuelta en el cariño maternal de esa Iglesia de la que te sentías hija: con la gracia del sacramento de la penitencia, el viático de la Eucaristía, la santa unción de los enfermos.

Fue la tuya una muerte de amor, como bien expresó San Juan de la Cruz: «Consumida por la llama de amor viva, se rompió la tela del dulce encuentro con Dios» (San Juan de la Cruz, Llama de amor viva, 1, 29-30).

«Ahora, pues, decimos que esta mariposica ya murió... y que vive en ella Cristo» (Santa Teresa, Castillo interior, VII, 1, 3).

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Vaticano, 15 de octubre de 2014

A Monseñor Jesús García Burillo Obispo de Ávilal ÁVILA

Querido Hermano:

El 28 de marzo de 1515 nació en Ávila una niña que con el tiempo sería conocida como santa Teresa de Jesús. Al acercarse el quinto centenario de su nacimiento, vuelvo la mirada a esa ciudad para dar gracias a Dios por el don de esta gran mujer y animar a los fieles de la querida diócesis abulense y a todos los españoles a conocer la historia de esa insigne fundadora, así como a leer sus libros, que, junto con sus hijas en los numerosos Carmelos esparcidos por el mundo, nos siguen diciendo quién y cómo fue la Madre Teresa y qué puede enseñarnos a los hombres y mujeres de hoy.

En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida y de su obra. Ella entendió su vida como camino de perfección por el que Dios conduce al hombre, morada tras morada, hasta Él y, al mismo tiempo, lo pone en marcha hacia los hombres. ¿Por qué caminos quiere llevarnos el Señor tras las huellas y de la mano de santa Teresa? Quisiera recordar cuatro que me hacen mucho bien: el camino de la alegría, de la oración, de la fraternidad y del propio tiempo.

Teresa de Jesús invita a sus monjas a «andar alegres sirviendo» (Camino 18,5). La verdadera santidad es alegría, porque “un santo triste es un triste santo”. Los santos, antes que héroes esforzados, son fruto de la gracia de Dios a los hombres. Cada santo nos manifiesta un rasgo del multiforme rostro de Dios. En santa Teresa contemplamos al Dios que, siendo «soberana Majestad, eterna Sabiduría» (Poesía 2), se revela cercano y compañero, que tiene sus delicias en conversar con los hombres: Dios se alegra con nosotros. Y, de sentir su amor, le nacía a la Santa una alegría contagiosa que no podía disimular y que transmitía a su alrededor. Esta alegría es un camino que hay que andar toda la vida. No es instantánea, superficial, bullanguera. Hay que procurarla ya «a los principios» (Vida 13,1). Expresa el gozo interior del alma, es humilde y «modesta» (cf.Fundaciones 12,1). No se alcanza por el atajo fácil que evita la renuncia, el sufrimiento o la cruz, sino que se encuentra padeciendo trabajos y dolores (cf.Vida 6,2; 30,8), mirando al Crucificado y buscando al Resucitado (cf. Camino26,4). De ahí que la alegría de santa Teresa no sea egoísta ni autorreferencial. Como la del cielo, consiste en «alegrarse que se alegren todos» (Camino 30,5), poniéndose al servicio de los demás con amor desinteresado. Al igual que a uno de sus monasterios en dificultades, la Santa nos dice también hoy a nosotros, especialmente a los jóvenes: «¡No dejen de andar alegres!» (Carta 284,4). ¡El Evangelio no es una bolsa de plomo que se arrastra pesadamente, sino una fuente de gozo que llena de Dios el corazón y lo impulsa a servir a los hermanos!

La Santa transitó también el camino de la oración, que definió bellamente como un «tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama» (Vida 8,5). Cuando los tiempos son “recios”, son necesarios «amigos fuertes de Dios» para sostener a los flojos (Vida 15,5). Rezar no es una forma de huir, tampoco de meterse en una burbuja, ni de aislarse, sino de avanzar en una amistad que tanto más crece cuanto más se trata al Señor, «amigo verdadero» y «compañero» fiel de viaje, con quien «todo se puede sufrir», pues siempre «ayuda, da esfuerzo y nunca falta» (Vida 22,6). Para orar «no está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho» (Moradas IV,1,7), en volver los ojos para mirar a quien no deja de mirarnos amorosamente y sufrirnos pacientemente (cf.Camino 26,3-4). Por muchos caminos puede Dios conducir las almas hacia sí, pero la oración es el «camino seguro» (Vida 21,5). Dejarla es perderse (cf. Vida19,6). Estos consejos de la Santa son de perenne actualidad. ¡Vayan adelante, pues, por el camino de la oración, con determinación, sin detenerse, hasta el fin! Esto vale singularmente para todos los miembros de la vida consagrada. En una cultura de lo provisorio, vivan la fidelidad del «para siempre, siempre, siempre» (Vida 1,5); en un mundo sin esperanza, muestren la fecundidad de un «corazón enamorado» (Poesía 5); y en una sociedad con tantos ídolos, sean testigos de que «sólo Dios basta» (Poesía 9).

Este camino no podemos hacerlo solos, sino juntos. Para la santa reformadora la senda de la oración discurre por la vía de la fraternidad en el seno de la Iglesia madre. Ésta fue su respuesta providencial, nacida de la inspiración divina y de su intuición femenina, a los problemas de la Iglesia y de la sociedad de su tiempo: fundar pequeñas comunidades de mujeres que, a imitación del “colegio apostólico”, siguieran a Cristo viviendo sencillamente el Evangelio y sosteniendo a toda la Iglesia con una vida hecha plegaria. «Para esto os juntó Él aquí, hermanas» (Camino 2,5) y tal fue la promesa: «que Cristo andaría con nosotras» (Vida32,11). ¡Qué linda definición de la fraternidad en la Iglesia: andar juntos con Cristo como hermanos! Para ello no recomienda Teresa de Jesús muchas cosas, simplemente tres: amarse mucho unos a otros, desasirse de todo y verdadera humildad, que «aunque la digo a la postre es la base principal y las abraza todas» (Camino 4,4). ¡Cómo desearía, en estos tiempos, unas comunidades cristianas más fraternas donde se haga este camino: andar en la verdad de la humildad que nos libera de nosotros mismos para amar más y mejor a los demás, especialmente a los más pobres! ¡Nada hay más hermoso que vivir y morir como hijos de esta Iglesia madre!

Precisamente porque es madre de puertas abiertas, la Iglesia siempre está en camino hacia los hombres para llevarles aquel «agua viva» (cf. Jn 4,10) que riega el huerto de su corazón sediento. La santa escritora y maestra de oración fue al mismo tiempo fundadora y misionera por los caminos de España. Su experiencia mística no la separó del mundo ni de las preocupaciones de la gente. Al contrario, le dio nuevo impulso y coraje para la acción y los deberes de cada día, porque también «entre los pucheros anda el Señor» (Fundaciones 5,8). Ella vivió las dificultades de su tiempo –tan complicado– sin ceder a la tentación del lamento amargo, sino más bien aceptándolas en la fe como una oportunidad para dar un paso más en el camino. Y es que, «para hacer Dios grandes mercedes a quien de veras le sirve, siempre es tiempo» (Fundaciones 4,6). Hoy Teresa nos dice: Reza más para comprender bien lo que pasa a tu alrededor y así actuar mejor. La oración vence el pesimismo y genera buenas iniciativas (cf.MoradasVII,4,6). ¡Éste es el realismo teresiano, que exige obras en lugar de emociones, y amor en vez de ensueños, el realismo del amor humilde frente a un ascetismo afanoso! Algunas veces la Santa abrevia sus sabrosas cartas diciendo: «Estamos de camino» (Carta 469,7.9), como expresión de la urgencia por continuar hasta el fin con la tarea comenzada. Cuando arde el mundo, no se puede perder el tiempo en negocios de poca importancia. ¡Ojalá contagie a todos esta santa prisa por salir a recorrer los caminos de nuestro propio tiempo, con el Evangelio en la mano y el Espíritu en el corazón!

«¡Ya es tiempo de caminar!» (Ana de San Bartolomé, Últimas acciones de la vida de santa Teresa). Estas palabras de santa Teresa de Ávila a punto de morir son la síntesis de su vida y se convierten para nosotros, especialmente para la familia carmelitana, sus paisanos abulenses y todos los españoles, en una preciosa herencia a conservar y enriquecer.

Querido Hermano, con mi saludo cordial, a todos les digo: ¡Ya es tiempo de caminar, andando por los caminos de la alegría, de la oración, de la fraternidad, del tiempo vivido como gracia! Recorramos los caminos de la vida de la mano de santa Teresa. Sus huellas nos conducen siempre a Jesús.

Les pido, por favor, que recen por mí, pues lo necesito. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

Fraternalmente,

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15 octubre 2014

El V Centenario del nacimiento de Santa Teresa ha arrancado con la participación de unas 6.000 personas en la eucaristía que ha oficiado el presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Ricardo Blázquez, quien se ha referido al Papa y ha asegurado su acogida "con los brazos abiertos". "Acogemos al Papa con el corazón y los brazos abiertos", ha dicho durante la homilía Blázquez, también arzobispo de Valladolid, unas palabras recibidas con una gran ovación de los fieles congregados en una multitudinaria celebración religiosa en la que estaba el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz.

En presencia de las imágenes de Santa Teresa y la Virgen de la Caridad, Blázquez ha hecho referencia a la santa andariega como "experta en traer papas desde Roma a Ávila y a Alba de Tormes". Ante las expectativas de que el pontífice pueda visitar la capital abulense y el lugar en el que murió Santa Teresa, el presidente de la CEE ha recordado cómo en 1982 el papa Juan Pablo II acudió para conmemorar el IV Centenario de la muerte de la primera doctora de la Iglesia.

"Confiamos en que vendrá el Papa Francisco para el V Centenario de su nacimiento. Lo acogemos con el corazón y los brazos abiertos", ha añadido el abulense Ricardo Blázquez, cuyas palabras han sido interrumpidas por los aplausos de las miles de personas que llenaban desde al menos una hora antes este recinto.

Ha sido el propio Papa Francisco, a través de una carta, el que ha animado a todos los españoles a conocer la historia de Santa Teresa y a conservar y enriquecer su "preciosa" herencia, que el pontífice ha resumido en cuatro caminos: el de la alegría, la oración, la fraternidad y el del propio tiempo. En la misiva, enviada con motivo del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa y leída durante la misa por el obispo de Ávila, Jesús García Burillo, ha recordado que el 28 de marzo de 1515 nació en Ávila Santa Teresa de Jesús, que hizo la imagen del camino su lección de vida y obra.

La alegría de la santa andariega "es un camino que hay que andar toda la vida y que no se alcanza por el atajo fácil que evita la renuncia, el sufrimiento o la cruz, sino que se encuentra padeciendo trabajos y dolores", ha subrayado el papa en el texto dado a conocer en el recinto que ha acogido la celebración, la Plaza de Santa Teresa o del Mercado Grande.

Es "un día muy importante", no sólo para Ávila, sino también para España, ya que Santa Teresa es una figura que "trasciende las fronteras" desde el punto de vista religioso como "cumbre de la mística", ha dicho el ministro del Interior a los periodistas al destacar también la magnitud de la santa.

La jornada supone el arranque oficial de los actos del V Centenario del nacimiento de la autora de ’Las moradas del castillo interior’, que supondrá la efeméride "más importante de España en 2015", ha explicado la consejera de Cultura y Turismo de Castilla y León, Alicia García. Fernández Díaz y García han participado entre los numerosos invitados en una ceremonia caracterizada por la emoción de muchos de los asistentes, entre ellos numerosos representantes de los carmelitas descalzos del mundo.

Todos ellos han escuchado con atención las palabras de Ricardo Blázquez, quien además de referirse a la posible visita del pontífice ante una quincena de cardenales, arzobispos y obispos, se ha referido a Santa Teresa como "una mujer excepcional" y de "humanidad arrolladora". "Su recuerdo está vivo entre nosotros", ha sostenido, antes de afirmar que sus escritos son "un libro vivo" y de rememorar la reforma iniciada en el convento de San José, a escasos metros del lugar en el que ha tenido lugar la misa.

Tras apuntar que la Santa "dio una respuesta de largo alcance a los desafíos de su tiempo", el presidente de la CEE se ha preguntado por los "desafíos" de hoy en día, indicando que "el nombre de Dios es silenciado, unas veces rechazado y otras cortésmente preterido". "Sobre la familia se han desencadenado en pocos decenios fuertes vientos contrarios", ha argumentado Ricardo Blázquez, para después apuntar cómo "la paz peligra en varios rincones del mundo por la violencia y la guerra, incluso apelando a Dios".

La ceremonia religiosa se ha desarrollado con una buena temperatura, pese al temor a la lluvia, igual que la multitudinaria procesión que ha seguido a la misa por unas abarrotadas calles de la ciudad en las que la imagen de Santa Teresa ha recibido los aplausos y vítores de miles de abulenses y visitantes.

El V Centenario de su nacimiento activa una amplia programación pastoral, social, científica y cultural para conocer sus enseñanzas

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El próximo 15 de octubre una solemne eucaristía al aire libre marcará el inicio de un año lleno de acontecimientos y con motivo del que el Papa Francisco podría visitar España.

La celebración del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia y una de las santas españolas universales, ya tiene fecha de comienzo: el próximo 15 de octubre una solemne eucaristía al aire libre marcará el inicio de un año lleno de acontecimientos y con motivo del que el Papa Francisco podría visitar España.

Una multitudinaria misa al aire libre en la Plaza de Santa Teresa en Ávila, conocida como Mercado Grande, dará comienzo a las celebraciones de este V Centenario. La celebración eucarística, prevista para las 11 de la mañana del 15 de octubre de 2014, estará presidida por un representante de la Conferencia Episcopal, como ha solicitado el obispo de la diócesis abulense, mons. Jesús García Burillo. A ella asistirá también el padre Saverio Cannistrá, prepósito general de los Carmelitas Descalzos.

El Año Jubilar Teresiano contará además entre sus celebraciones destacadas con el Encuentro Europeo de Jóvenes, que se celebrará en Ávila del 5 al 9 de agosto de 2015 y que estará organizado conjuntamente por el Departamento de Pastoral Juvenil de la Conferencia Episcopal, la diócesis de Ávila y la Orden de los Carmelitas Descalzos.

Ávila reunirá así a miles de jóvenes europeos que podrán disfrutar de actividades espirituales, formativas, culturales y lúdicas. Las previsiones que se están barajando ya a día de hoy oscilan entre los 8.000 y 10.000 jóvenes que podrían desplazarse en esos días hacia la capital abulense y a otros lugares teresianos.

Peregrinación. Al igual que lo hicieran al sepulcro de San Juan de Ávila con motivo de la proclamación del patrono del clero secular español como Doctor de la Iglesia; la próxima primavera los obispos españoles realizarán una peregrinación a Ávila, ciudad natal de Santa Teresa, prevista en torno al 20-24 de abril de 2015.

Año Jubilar. Asimismo, el pasado abril se hacía pública la concesión del Año Jubilar Teresiano que el Papa Francisco dispensó para todas las diócesis de España, desde el día 15 de octubre de 2014 hasta el 15 de octubre de 2015, con el fin de celebrar con solemnidad el V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús.

De esta manera, se conceden las indulgencias propias del jubileo de los santos: indulgencia plenaria a los fieles verdaderamente arrepentidos, con las condiciones acostumbradas (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Papa).

En el mismo decreto de concesión de este Año Jubilar, el Santo Padre concedió al presidente de la Conferencia Episcopal y al obispo de Ávila la gracia de impartir durante el Año Jubilar la bendición papal, con la consiguiente indulgencia plenaria, a todos los fieles cristianos presentes en las celebraciones que se determinen, y que, verdaderamente arrepentidos y movidos por la caridad, hayan asistido a los ritos sagrados y cumplan con las condiciones anteriormente citadas.

Por lo que respecta a Andalucía, tres son las fundaciones que la santa de Ávila realizó en la comunidad: Beas de Segura, Sevilla y Granada. A la capital andaluza llegó el 26 de mayo de 1575 acompañada de varias monjas para realizar su undécima fundación, siguiendo el consejo del Padre Gracián. La primera de las casas se situaba en la calle Zaragoza, de la que se marcharon, diez años más tarde, a la sede actual del convento carmelita conocido como Las Teresas en el barrio de Santa Cruz. Este convento conserva un considerable número de reliquias de la santa abulense, como son el único cuadro de Santa Teresa pintado en vida o el manuscrito de Las Moradas.

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V CENTENARIO

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AÑO JUBILAR

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LUGARES TERESIANOS

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HIMNO OFICIAL DEL V CENTENARIO

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MAESTRA DE LA LUZ (HIMNO PARA TERESA DE JESÚS)

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Estribillo:

(Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, maestra de la luz, centella del amor, enséñanos la senda por la que caminaste con alma enamorada, buscando en ti al Señor)

La oración es, Teresa, el atrio de tu casa morada amurallada, palacio de interior, refugio del humilde que aspira a las virtudes, castillo de diamante o diáfano color.

Estribillo: (Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia...) La luz va iluminando, Teresa, tus sandalias que van pisando el tiempo para una nueva edad con fríos y con soles, con lluvias y con nieves, con grande sed de viento y amor de libertad.

Estribillo: (Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia...) Tu escritura, Teresa, que hiciste de rodillas, tus sílabas en vuelo, tu verbo celestial, son fuego que palpita, son llama de amor viva, palabra que inaugura un canto universal.

Estribillo: (Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia...) Centellas de luz pura, Teresa, son tus ojos absortos en la noche, prendidos del fulgor. Reluce y se estremece tu alma que han tocado los dedos del amado vistiéndola de amor.

Estribillo: (Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia...) Carlos Aganzo

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Coro virtual de Carmelitas celebra 500 años del nacimiento de Santa Teresa de Ávila

Un coro virtual es la original iniciativa de la orden de las Carmelitas Descalzas para celebrar el 5º centenario del nacimiento de su fundadora, Santa Teresa de Ávila.

El coro está formado por frailes y monjas carmelitas de todo el mundo. Los acompaña la orquesta teresiana de la catedral de Saint James en Seattle, Estados Unidos.

Para componer este coro único en el mundo cada religioso se ha grabado en vídeo personalmente.

"Nada te turbe” es la primera canción de este coro virtual. Versiona la poesía de Santa Teresa de Ávila con el mismo nombre.

La segunda canción es una versión del Salve Regina. La hermana Claire Sokol ha compuesto ambas melodías para la ocasión.

http://www.romereports.com/pg158131...

Portafolio

Bastón de Teresa de Jesús Teresa andariega Teresa y el Centenario

V Centenario Santa Teresa de Jesús

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