Una tarea que no es fácil, porque la sinodalidad requiere del encuentro y respeto de la diversidad. Pero a la vez es muy enriquecedora. La escucha es clave, porque nos invita a salir de nuestro propio entorno, aprender y compartir.
Ampliar horizontes y descubrir la riqueza del «poliedro eclesial» del que hablaba el Papa Francisco, es decir, una Iglesia con múltiples formas teológicas, pastorales, litúrgicas, espirituales y ministeriales.
Cada Iglesia local camina a ritmos distintos, con su propia historia y proceso. Y al final del curso, brindemos por la auténtica comunión que estemos viviendo.





