La virginidad
ha puesto su firme fundamento
y sólido pedestal en el puro amor de Jesucristo,
cuyo santísimo Corazón,
como roca altísima,
inconmovible e inaccesible,
es la mansión regalada
de los vírgenes del siglo.
A. Amundarain

La virginidad
ha puesto su firme fundamento
y sólido pedestal en el puro amor de Jesucristo,
cuyo santísimo Corazón,
como roca altísima,
inconmovible e inaccesible,
es la mansión regalada
de los vírgenes del siglo.
A. Amundarain
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