«Os invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada uno os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar.
Os encomiendo de modo particular a la intercesión maternal de Nuestra Señora de la Merced»





