Via Crucis sacerdotal A. Amundarain

14 Abr, 2017 | Escritos de D. Antonio Amundarain

Vía-Crucis Sacerdotal

A. Amundarain

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Oración preparatoria

Dejadme, Señor, acompañaros en vuestra vía dolorosa, a mí, vuestro Sacerdote y continuador de vuestro Sacerdocio y de vuestro Sacrificio.
Pisando vuestras huellas ensangrentadas con mi cruz sacerdotal, y siguiéndoos sin desalientos en mi sacrificio, «adimplebo quae desunt Passionis vestrae», aligerando vuestra carga y redimiendo mi propia alma y las que Vos, Señor, habéis confiado a mis cuidados sacerdotales.
A vuestro lado aprenderé, Señor, esta lección, siguiéndoos paso a paso en este piadoso Ejercicio.

1ª ESTACIÓN

Jesús condenado a la muerte

¡Oh, humildísimo Señor! Yo soy el miserable condenado que merecía estar, para siempre, a los pies del demonio en el infierno, si Vos no hubierais sido condenado por mí.
¡Qué poco os he agradecido este inmenso favor!

Siendo yo ahora, Señor, Sacerdote y continuador de vuestro Sacerdocio en la tierra, debo en justicia, y quiero ser condenado al sacrificio que Vos libremente queráis señalarme por mi propia alma y por las de los demás hermanos, a fin de que ni ellos ni yo seamos condenados al suplicio eterno.

Condenadme ahora, Señor, para que no sea condenado después.

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

2ª ESTACIÓN

Sale con la cruz a cuestas

¡Señor! He ahí el instrumento del suplicio a que se os condena.
No acierto a imaginar, con cuánto ardor, fineza y generosidad lo habéis abrazado.
Quísolo el Padre y “sicut mandatum dedit mihi Pater, sic facio” . Lo exigían nuestros pecados e “iniquitates nostras Ipse portavit”.
¡Oh, Señor! Con semejante ardor y generosidad quiero yo abrazar la cruz de mi Sacerdocio y caminar junto a Vos, porque me la brindáis Vos y me la exigen las almas.
Por Vos, por ellas y por mí, echádmela sobre mis hombros, Señor. “Ecce ego”; soy Sacerdote.

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

3º, ESTACIÓN

Primera caída de Jesús

La fatiga y la debilidad dan en tierra con vuestro sagrado Cuerpo… ¡Sois hijo del hombre!
En Belén probasteis la debilidad del niño, en el taller la fatiga del obrero, y ambas ahora en la obra de vuestra inmolación…
Mas no decaen el ardor y la fineza de vuestro Corazón, el cual desde el suelo sigue amando a los pobres CAÍDOS.
VOS caído reparasteis mis graves caídas y levantasteis a la humanidad caída.
Aunque mi cuerpo sucumba bajo el peso de mi sacrificio sacerdotal, no quiero, Señor, que caiga mi corazón, ni que decaiga un instante su ánimo y amor. Desde el suelo seguiré amándoos a Vos y a las almas por Vos; recordando con dolor las veces que, miserablemente caído, dejé de amaros.

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

4º. ESTACIÓN

El encuentro del Hijo con la Madre

¡Señor, he ahí tu Madre! ¡Señora, he ahí tu Hijo…!

¡Qué doloroso, qué consolador al mismo tiempo, el encuentro del Hijo con la Madre!
El imponderable dolor de la Madre a la vista del Hijo fue nuevo tormento para el Corazón de éste; mas su dulce, compasiva y amante compañía alivió y dulcificó su amargura …

¡Madre mía! En la persona de este pobre sacerdote, tu Hijo sigue avanzando todavía por la senda difícil y tortuosa de su sacrificio sacerdotal.
¡Oh, Madre mía! Lo que no te dejaron hacer entonces con Él, hazlo ahora conmigo: que yo sienta tu mano dulce, compasiva y maternal, aliviando mi pesada cruz.

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

5ª. ESTACIÓN

El Cirineo lleva la Cruz de Jesús

¡Oh, Señor mío! Entre tantos amigos no se halló más que un Cirineo, alquilado con salario, para llevaros la cruz.
Si con esto quedó aliviado el peso material de vuestra Cruz, agravóse, en cambio, el peso de la ingratitud, con que abrumaron vuestro Corazón.

¡Señor! Este Sacerdote no ha cargado con su cruz sacerdotal por vil salario, sino por amor fiel y sincero a Vos y a las almas.
Cambiemos, Señor, los oficios.
Mientras yo avanzo con mi cruz, aliviando vuestro peso, en mis fatigas, flaquezas y debilidades sed Vos mi fiel Cirineo …

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

6ª ESTACIÓN

La Verónica limpia el rostro a Jesús

¡Oh, Señor! Mayor fue el consuelo que recibisteis de esta intrépida mujer que del alquilado Cirineo. Y así éste cobró el salario convenido con los judíos, mientras la Verónica recibió vuestra divina Faz en tres pliegues de su lienzo.

¿Será posible, Señor, que una niña inocente haga más bien y os ame más que un amigo Sacerdote…?
¡Oh! Ya os entiendo, Señor…
No os agradan las obras hechas sin amor y con miras humanas, porque no son hechas por Vos.
Queréis amor en las obras, aunque éstas sean humildes y sencillas.
Señor, no quiero ser un Cirineo alquilado; prefiero ser una humilde Verónica.

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

7ª. ESTACIÓN

La segunda caída

¡Señor! No es ahora la cruz la que os derriba, es la carga inmensamente mayor de la ingratitud de un pueblo que, maldiciéndoos, os arroja como a un leproso fuera de vuestra propia Casa.
Imponderable debió de ser este dolor. Y no obstante, Vos, a la vista de la ciudad, con los brazos extendidos, moríais pidiendo a vuestro Padre por ella.

¡Oh, Señor! Aunque las almas rechacen con negra ingratitud todos mis sacrificios sacerdotales, y me desprecien y hasta me arrojen…, sepa yo, con fineza de amor, morir en mi cruz pidiendo por ellas.

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

8ª. ESTACIÓN

Habla a las hijas de Jerusalén

Hijas de Jerusalén, no lloréis mi desgracia, llorad la vuestra; porque grandísimas desgracias se ciernen sobre vosotras y sobre vuestros hijos, pues, si esto se hace en el leño verde…

Señor, grandes males se ciernen sobre el mundo prevaricador, y las almas ríen, juegan y se divierten en la iniquidad…
El Sacerdote tiene la misión de llorar “inter vestibulum et altare”, y mis ojos, Señor, están secos e insensible mi corazón.
Dadme llanto copioso para llorarme a mí y llorar, en mi
sacrificio sacerdotal a las almas que no lloran.

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

9ª. ESTACIÓN

Tercera caída

Señor, hasta el fin, hasta más no poder, hasta sucumbir, os arrastráis en la cima del Calvario…. Queréis morir allá donde es voluntad del Padre, y os arrastraréis hasta el límite de lo imposible…
¡Oh Señor!¡Qué ejemplo para un cobarde como yo! ¡Qué lección para un tibio, para un delicado, para un comodón!
Haced, Señor, que yo, elegido para prolongar vuestro Sacerdocio, siga vuestras pisadas y avance sin desmayos en mi sacrificio sacerdotal hasta el fin, hasta el agotamiento, hasta sucumbir, como Javier, como Vianney, como tantos otros sacerdotes, por Vos, por las almas, por mí.

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

10ª. ESTACIÓN

Jesús despojado de sus vestiduras

Así como entrasteis en el mundo, así salís de él; su malicia no os ha contaminado. Sois siempre Hostia pura, Hostia santa, Hostia inmaculada.
Hijo de María, inocente, subís ahora, inmaculado e impoluto, a vuestro altar…

Y yo, Sacerdote de vuestro Sacerdocio y hostia en la misma patena, ¿cómo deberé ser?
¡Señor! Arrancad de mí, sin compasión, todas las vestiduras carnales, para que sea hostia pura; despojadme de toda púrpura y vanidad mundana, para que sea hostia santa; desnudadme de la túnica de mi propia voluntad y de todo egoísmo, para que sea hostia inmaculada en el altar de mi sacrificio.

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

11ª. ESTACIÓN

Jesús clavado en la Cruz

¿Para qué los clavos, Señor?
Vuestro amor es más fuerte que los clavos y que la muerte. «Amor te coegit» y os clavó en el madero.
Nada valdrían, Señor, contra vuestro poder los clavos, si primero el amor no os venciera.
Lo que por fuera hicieron los clavos, hízolo por dentro el amor.

Pero, ¡ay de mí!, mi amor no es así. Yo os he querido amar, y por amor me entregué al Sacerdocio y al sacrificio sacerdotal; pero para afianzarlo no me basta el amor, necesito, Señor, los clavos.
Tenedlos, Señor, a mano, y cuando viereis que mi generosidad flaquea y que la traición me ronda, clavadme y cosedme a mi sacrificio sacerdotal, a fin de que molido en el sacrificio, «panis mundus effíciar».

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

12ª. ESTACIÓN

Jesús muere en la Cruz

¡Morir…! He ahí, Señor, vuestra mayor hazaña… Os hicisteis mortal para poder morir. Y muriendo Vos, quedó destruida la muerte y hecha la Redención; porque “sine sanguinis effusione non fit remissio».
Continuador de vuestro Sacerdocio, entre mis ministerios sacerdotales no puede faltar el de la muerte por Vos y por las almas. Es esta mi suprema hazaña.

El soldado que muere por la Patria es un héroe, el misionero que sucumbe debajo de una palmera es otro héroe, el Sacerdote que sucumbe en el sacrificio de su Sacerdocio es un redentor.
Señor, que mi último acto sacerdotal sea morir por Vos y por las almas.

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

13ª. ESTACIÓN

Jesús muerto en los brazos de su Madre

¡Señora! Vuestras son ahora las palabras que un día dijo vuestro Hijo: “Opus consummavi quod dedisti mihi ut faciam”.

En vuestro seno comenzó Jesús su Sacerdocio y en vuestros brazos termina, como en su más digno altar.

Mas, así como no termina ahí el Sacerdocio del Hijo, tampoco ha terminado vuestro santo y divino oficio.
En vuestro Corazón, Madre mía, comenzó y a Vos debo el principio de mi Sacerdocio. Vos sois el santuario y el altar de mi Sacerdocio y de mi sacrificio sacerdotal.
¡Oh, Madre mía! Que mi último acto sacerdotal, mi muerte, sea en vuestros brazos, para que en mí podáis de nuevo repetir: “Opus connsummavi quod dedísti mihi ut faciam”.

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

14ª. ESTACIÓN

Jesús en el Sepulcro

¡Oh, Señor! ¡Qué bello ideal el probar con la muerte el amor al amado!
En el silencio de vuestro sepulcro suena esta voz del Padre: “Sic Deus dilexit mundum…”.

Señor, para ser, aun en la misma muerte, continuador de vuestro Sacerdocio, quiero hacer, del MORIR por Vos y por las almas, mi bello ideal.

Quitad de mi, Señor, el terror y el espanto a la muerte, y, como último acto de mi sacrificio, hacedla SACERDOTAL, para que este mi cuerpo muerto se convierta en trofeo de mi gloria.

V. Calicem quem dedit mihi Pater
R. ¿Non bibam illum?

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