II Domingo de Cuaresma
La Cuaresma nos descorre un velo para que sintamos el resplandor de la Luz de la Vida. Nos desvela lo que nos está aguardando. Solo el amor sabe encontrarla. La pureza son los ojos para verla.
«Si fuese viva nuestra fe, si fuese intensa, clara, luciente; si nuestra fe fuese como los ojos, y ella viese como ven éstos, ¡qué distinto se nos mostraría el panorama de la vida!»
(Venerable Antonio Amundarain Garmendia
L33,XII,285)





