Nuestra Señora de Fátima
Ante la escena que hoy evocamos, con la Virgen y los tres pastorcillos, volvemos a recordar las palabras de Jesús con su predilección por la inocencia, los sencillos y puros de corazón.
Yo te bendigo, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los pequeños». Yo te bendigo, Padre, por todos tus pequeños, comenzando por la Virgen María, tu humilde sierva, hasta los pastorcitos Francisco y Jacinta. Que el mensaje de su vida permanezca siempre vivo para iluminar el camino de la humanidad.
( S. Juan Pablo II. 13- mayo-2000)
Virgen de Fátima, ruega por nosotros.




